Beatriz Reyes Nevares | Domingo 24 de mayo de 2009
Hay mujeres que se sienten incapaces de seguir con un embarazo no deseado. Por pobreza, por edad por haber ignorado que había formas de “cuidarse” y evitarlo antes de enfrentarse a una solución terrible y peligrosa en todos los sentidos.
Por los años setenta en la Revista Siempre donde colaboré una larga etapa, sostuve una polémica fuerte, dura. Semanalmente me enfrenté a una feminista recalcitrante y obcecada que, tenía un número mayor de hijos que yo. Era furibunda pro-aborto; en cambio yo, entonces y ahora defiendo la vida.
Claro hay excepciones, violación, malformaciones del feto o peligro de la vida de la madre. Aunque se justifica no deja de ser doloroso y moralmente –está probado- deja dolor y culpa para siempre.
El machismo mexicano, la irresponsabilidad del hombre, la victimización de muchas mujeres, la absoluta repito, irresponsabilidad de muchas chicas que hacen cama redonda o que saliendo entrada la mañana de las discotecas, no saben ni con quien ni con cuantos lo hicieron. No importa para nada la clase social, ni la posición económica.
En las niñas ricas el problema siempre se ha solucionado en hospitales de lujo o incluso fuera del país. Igual que se hacía en Europa hace tiempo que de España, Italia o Francia viajaban a países nórdicos o a Gran Bretaña. Aquí en México despenalizado hace 14 meses se han practicado alrededor de 25 mil abortos en el D. F.
Siempre con menos de 12, sí doce semanas de embarazo y siempre a mayores de 18 años. Curiosamente no abundan las muy jovencitas pero lo más raro, mujeres casadas o que viven en unión libre, se lo practican por mil razones como el que les estorban para desarrollarse sea como estudiantes o trabajadoras.
Lo deseable sería luchar por una paternidad responsable. Pareciera utópico, sería deseable penalizar y aumentar los castigos por el abandono del hombre. El aborto es destruir la vida, ésta comienza en el momento de la concepción. No se hagan “bolas”, ni se rompan la cabeza. El ser humano comienza a serlo al fecundarse el óvulo. Nada más ni nada menos.
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