Motor

Brotes verdes

Sobre ruedas

Martes 26 de mayo de 2009
Nos contaba un directivo que “No es que estemos en el principio del fin de la crisis; ni siquiera que hayamos tocado fondo; es simplemente que se percibe que seguimos cayendo, pero que parece que el avión está controlado”. No sé si es el mejor símil, el del avión en barrena, pero al menos revelador. Porque aunque siguen las diferencias territoriales en lo que a ayudas a la compra se refiere, al menos los concesionarios están recibiendo llamadas de clientes interesados en los detalles de los descuentos y de los precios; porque es que hace quince días, ni siquiera sonaban los teléfonos de los vendedores.

El ministro Sebastián intenta alcanzar un acuerdo que iguale las ayudas de las comunidades, pero de momento, Madrid, La Rioja y Murcia han dicho que “nones”. Lo de La Rioja y Murcia puede entenderse porque no son Comunidades en los que el sector automovilístico sea determinante para su desenvolvimiento económico; pero en el caso de Madrid, con la planta de PSA en Villaverde, la de IVECO y la de centenares de empresas suministradoras, se entiende malamente. Será cosa de la política, o mejor dicho, de la partitocracia, más interesada en no apoyar iniciativas de los adversarios que en defender el bienestar de los ciudadanos.

Y es que la injerencia de la política en la empresa nunca es buena, aunque probablemente sea inevitable. Lo estamos viendo en Chrysler que al fin parece que ve el futuro más halagüeño. La fusión con Fiat es un hecho y en Italia se trabaja a marchas forzadas para diseñar una estrategia conjunta para ambas marcas. En España Chrysler cuenta con una red de concesionarios muy reciente, fruto en su mayor parte de escisiones del grupo Mercedes Benz (con quien Chrysler estuvo fusionada hace apenas una década) y un mercado que en los años 2006 y 2007 alcanzaba los 7.500 coches vendidos (frente a los 2.500 del pasado año). Es una marca con larga tradición en nuestro país, donde tuvo su propia fábrica en Villaverde (Madrid), obra del inolvidable Eduardo Barreiros y que fue vendida al grupo PSA en los años 80.

En la actualidad, la marca americana tiene una gama que acusa el paso de los años. Fue líder en monovolúmenes, con el Voyager y el PT Cruiser, pero ambos necesitan una puesta al día y no parece que los monovolúmenes grandes atraviesen su mejor momento.

Por lo tanto, Fiat puede implementar muy bien su gama con la de Chrysler e intentar de nuevo el asalto al mercado americano, que se le atragantó siempre y en el que solamente su marca Ferrari es capaz de emocionar; pero esa es otra historia. De momento, Fiat ha decidido ya los nombres de sus tres representantes en el Consejo de Administración de Chrysler. Un consejo dirigido por el Secretario del Tesoro, ya que el gobierno de Obama tiene que controlar los 8.000 millones de dólares que ha concedido a la marca para su reflotamiento; y un consejo en el que van a sentarse también representantes sindicales de Estados Unidos y de Canadá, los dos países en los que la marca tiene sus plantas de producción. Nuevos tiempos pues para la marca del pentastar, pero mejores para el Mini, que cumple en estos días sus primeros 50 años.

No hay muchos coches que hayan alcanzado la categoría de mitos: el mencionado Mini, el Ford T, el Volkswagen Escarabajo, el Citroën 2 CV y posiblemente el Toyota Corolla, aunque en este último caso, solo se mantiene el nombre porque su fisonomía ha cambiado extraordinariamente desde su lanzamiento en 1966 (mantiene aún el record de producción, con más de 32 millones de unidades). Yo también incluiría a otros no tan populares, pero igualmente míticos, como el Land Rover, el Seat 600 (especialmente en España) o el Fiat 500 (en Italia).

Austin Mini Cooper
Pero que hayan cumplido 50 años, pocos. El Mini original, el nacido de la idea de sir Alex Issigonis, salió de la cadena de montaje en mayo de 1959 y rompía con todos los esquemas de los coches de la época. Su reducidísimo tamaño (superaba los 3 metros de longitud en sólo 5 centímetros) mantenía sin embargo una gran habitabilidad, capaz de 4 plazas adultas gracias al motor colocado transversalmente, con la caja de cambios formando un bloque con el motor, con cárter conjunto. Su tamaño obligaba a compromisos técnicos que fueron resueltos con gran originalidad, como el diámetro de las ruedas, de sólo 10 pulgadas; o la posición del volante casi horizontal. Su precio ajustado y la aparición de versiones deportivas firmadas por Cooper, colocaron al Mini en el escaparate de la industria británica.

Por cierto: acuerdos de Nueva Montaña Quijano con British Motors permitieron que el mini se fabricase en España por la empresa Authi en Pamplona, en la fábrica que con el transcurrir de los años se convertiría en la planta de Volkswagen. Mini y Rover, como la mayoría de la industria automovilística británica (desde Rolls hasta Jaguar) pasaría a manos extranjeras y Mini es hoy día una marca del grupo alemán BMW que ha sabido modernizar el nuevo Mini y volverlo a colocar en un puesto de gran aceptación por el mercado. El Mini del siglo XXI conserva el estilo inconfundible de la obra de Issigonis, pero con soluciones técnicas actuales.

Finalizamos este repaso a la actualidad de la semana con una mención al Kia Soul que está en plena fase de lanzamiento comercial. Se trata de un coche de gran originalidad de líneas y que podríamos catalogar como “monovolumen”, aunque el gran ángulo entre el capó y el parabrisas lo define claramente como un “dos” volúmenes.

Pero sí que es un coche de capacidad incrementada, techo y posición de conducción elevadas, que son las características típicas de los monovolúmenes, aunque echemos de menos una modularidad de los asientos; o al menos que los traseros se puedan desplazar para incrementar la capacidad del maletero, que es reducida.

Aparte de su originalidad de líneas, destaca por un motor diesel de 128 caballos, que es una cifra inusual para una cilindrada de tan solo 1.600 centímetros cúbicos. Esta potencia hace que el coche camine estupendamente bien, aunque un peso de 1.345 kilos obliga a que en las cuestas arriba haya que recurrir al cambio para mantener la agilidad. Este recurso al cambio y unas ruedas exageradamente grandes (de 18 pulgadas de diámetro) conduce a consumos superiores a lo que se espera de un motor 1.600 diesel, pero el agrado de conducción puede llegar a compensar el litro de más de consumo. Y un silencio de marcha que no recordamos en otros diesel de su categoría.

En resumen, un coche muy distinto a lo que suele verse por la calle, con una manera de andar ágil y que gustará a quien busque una elevada posición de conducir. Como todos los productos de esta marca coreana, tiene un precio muy atractivo de 18.500 euros.

José María Cernuda
jmcernuda@elimparcial.es


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