Martes 26 de mayo de 2009
Hace diez días publicamos un editorial que hablaba del gran riesgo que corre la libertad de expresión en Venezuela, donde politólogos, analistas, periodistas e intelectuales, cada vez que disienten de las políticas de Hugo Chávez, se ven envueltos en situaciones crecientemente comprometidas. Lo más lamentable de esta situación no es sólo que Chávez ha arremetido contra la prensa local, al extremo de llamarla “terrorista” y ordenar el cierre de las cadenas de televisión que puedan contrariarle. Ahora, hasta los intelectuales extranjeros, de reputada trayectoria y valía internacional, como Álvaro Vargas Llosa -hijo del célebre autor de “La ciudad y los perros”- saben por experiencia propia lo que supone ser hoy en día un “pensador” libre en Venezuela.
El periodista peruano que viajó a Caracas para asistir al Foro “Libertad de Expresión y Democracia”, organizado por el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice), fue detenido a su llegada al aeropuerto internacional, Simón Bolívar, por funcionarios gubernamentales que también le retuvieron el pasaporte y le impidieron hablar por el teléfono móvil. Lo más vergonzoso de este hecho vejatorio contra la integridad cívica de Vargas Llosa, es que, en un país cuyo Jefe de Estado se jacta a vox populi de liderar a una nación libre, las autoridades chavistas le entregaron al periodista peruano, como si se tratara de un gran favor, el documento de viaje, advirtiéndole que se encontraba en el país en calidad de “visitante” y “turista”, por lo que debía abstenerse de emitir opiniones sobre política venezolana.
Esta situación, además de risible -porque las contradicciones del gobierno venezolano son más propias de un régimen totalitario que de un Estado de Derecho- recuerda mucho al incidente que tuvo lugar a principios de año con el eurodiputado del Partido Popular español, Luís Herrero, que fue prácticamente expulsado del país por emitir una opinión sobre Hugo Chávez. El hecho es que lo ocurrido con Álvaro Vargas Llosa y el propio Luís Herrero, son situaciones previsibles en países como Cuba, Corea del Norte, China o Irán, que a sabiendas son estados bien restrictivos en materia de libertad de expresión, pero de un país que aún tiene la denominación de “democrático”, jamás se esperaba algo así. Hasta ahora. Por lo visto, Chávez quiere mandar callar como sea a los venezolanos y extranjeros que, para su mala suerte, no compartan su mismo criterio, para terminar convirtiendo a Venezuela en un país de mudos “no pensantes”.