María Cano | Domingo 31 de mayo de 2009
Tres cosas atesoro y nunca me desprendo de ellas. La primera es la compasión. La segunda es la frugalidad. Y la tercera es no atreverme a estar frente al mundo. La prudencia como solución de cualquier conflicto.(Lao-Tse).
Este domingo, y contra todo pronóstico, uno de nuestros mejores deportistas, Rafa Nadal, ha perdido en octavos del Roland Garros frente al sueco Soderling. Tan acostumbrados nos tiene el joven manacorí a sus victorias y a verle inmortalizado mordiendo trofeos que esta derrota nos ha pillado por sorpresa y no pocos nos hemos preguntado: ¿en octavos?, ¿Nadal?, ¿cómo es posible?
Y, para más inri, no le venció uno de los grandes, como Federer o Djokovic, sino el que ocupa el número 25 del ranking mundial. La suerte a veces tiene estas cosas.
Imagino que Zapatero, a quien tanto le gustan los deportes, se habrá enterado a estas horas de la noticia, aunque dudo de que este suceso haya generado en él reflexión alguna. Eso de perder es cosa de otros...
En “El arte de la guerra”, Sun Tzu afirmaba que “si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro. Si te conoces a ti mismo pero no conoces al enemigo, perderás una batalla y ganarás otra. Si no conoces al enemigo ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla”.
Pues bien, mucho me temo que Zapatero encaja en el tercer supuesto. Aferrado al poder, hace y deshace a su antojo, usa aviones militares cuando le place, modifica leyes a su gusto sin tener en cuenta, en numerosas ocasiones, el parecer de todos los agentes sociales relacionados y, por qué no, afectados por cada una de ellas, y se divierte haciéndole la guerra al PP.
Esa es la cuestión, que es el poder quien hace la guerra cuando debería ser la oposición la que se dedicara a sacarle los colores al presidente del Gobierno y a su equipo en cada resbalón. En cambio, los populares permanecen parapetados en su portería parando los golpes que les llegan desde distintos frentes.
Y tan acostumbrados estamos a ver una y otra vez al PP defenderse y al PSOE, divertido, atacar desde el poder que muchos no han advertido aún el peligro que les acecha en las próximas elecciones europeas. Que “la guerra es un asunto de astucia” ya nos lo advirtió Sun Tzu hace más de veinticinco siglos, pero Zapatero aún no se ha dado por enterado.
El próximo 7 de junio, convencido de una victoria en la que ni encuestados, ni analistas (ni muchos socialistas) creen, puede que Zapatero se acuerde de Nadal, del Roland Garros y de este domingo y hasta puede que aprenda a ser un poco más prudente a partir de ahora si se cumplen los pronósticos y las encuestas y el PP se alza con la victoria.
Y cuando Zapatero pierda las europeas y ello suponga el comienzo de su fin y le lleve, sin prisa pero sin pausa, a perder las próximas generales y se quede en casa tras ser desalojado de La Moncloa, le sobrará tiempo para el ocio y la lectura. Entonces, puede que alguien de su entorno le regale un ejemplar de “El arte de la guerra” y le dé por comparar y sacar conclusiones de su propia estrategia y derrota. Pero para aquel entonces de poco le servirá ya la prudencia.
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