Opinión

La herida abierta de la AMIA

Lunes 01 de junio de 2009
La decisión de la Corte Suprema de Argentina de reabrir parte de la investigación del atentado a la Asociación Mutual Israelita de Argentina (AMIA), ocurrido el 18 de julio de 1994 en plena administración Menem, vuelve a poner bajo el escrutinio de la opinión pública del país austral los porqués del peor atentado terrorista ocurrido en suelo americano y contra la comunidad judía -uno de los colectivos más susceptibles a convertirse en blanco del terrorismo de corte islamista. La iniciativa de la Justicia argentina reaviva una herida que nunca ha cicatrizado del todo bien, ya que después de 15 años, aún no se sabe a ciencia cierta, quiénes son los cerebros intelectuales de un hecho que acabó con la vida de 85 personas y dejó en Jaque a un país entero. El estallido de la bomba en el edificio de la AMIA sólo dejó tras de sí ruinas, un campo santo y un compendio de puzles conformado por “conexiones” que trataron de enhebrar el camino hacia los verdaderos culpables.


Por un lado tenemos la “Conexión iraní-argentina”, que atribuye el atentado al grupo terrorista libanés Hezbolá, en manos de un presunto terrorista de nombre Ibrahim Hussein Berro, como una iniciativa a favor del gobierno de Irán. Una hipótesis desmentida por la organización islamista en reiteradas ocasiones. Después, tenemos la “Conexión-siria”, cuya línea de investigación aduce que el atentado fue contra el presidente Carlos Menem, por cancelar el proyecto de venta de reactores nucleares a Siria y al igual que el Proyecto Cóndor el cual fue vendido al gobierno egipcio. Y, finalmente, la “Conexión-bonaerense” o la “Conexión local”: precisamente, el expediente investigativo reabierto por la Corte Suprema argentina, el cual hace referencia a los vínculos de la policía local con el atentado, siendo el nombre de Carlos Telleldín, la pieza dentro de este complejo entramado. Se trata quizá de la hipótesis más controvertida que se ha desarrollado en torno al caso AMIA, ya que implica directamente al gobierno argentino. Es indudable que las respuestas sobre el atentado a la Asociación Mutual Israelita de Argentina aún permanecen ocultas bajo una especie de pantano de aguas muy turbias y espesas. Habrá que esperar para ver si la medida impuesta por el organismo judicial permite arrojar algunas luces sobre una dolorosa herida que ha permanecido más de una década en carne viva y sin poder cicatrizar.