Opinión

El debate que no fue

Martes 02 de junio de 2009
Ayer por la noche tenía lugar, en horario de máxima audiencia, el segundo cara a cara entre los cabezas de lista de PSOE y PP. Seguramente, gran parte de esa audiencia cambió de canal en algún momento, ante el diálogo de sordos protagonizado por los representantes de los dos principales partidos políticos españoles. La moderadora representaba a la perfección el papel de convidado de piedra impuesto por los asesores de imagen de ambos políticos, ansiosos en constreñir el espacio televisivo en un formato ante el que no cabía sobresalto alguno. Porque, con independencia de contenidos de programa, lo que ayer se echó de menos fue un debate en su esencia, con intercambio de opiniones un diálogo entre personas, en lugar de dos frontones de mensajes precocinados.

Lo que sí puede afirmarse sin ningún género de duda es que Juan Fernando López Aguilar necesita un par de tardes con alguien que le explique cómo funciona la política europea. Sus renuncios en esta materia -acusó a Mayor Oreja de votar una enmienda sobre permisos de paternidad que no llegó a votarse en la Eurocámara, entre otros deslices más- reflejaron bien a las claras las carencias de un candidato con poco más bagaje sobre la temática europea que un verbo suelto y florido pero falto de precisión y sobrado de inexactitudes. En este sentido, es una lástima –para todos, votantes populares incluidos- que una persona tan bien formada y articulada como López Aguilar, en lugar de ser él quien influya en el señor Zapatero, para intentar llenar de concreción y precisión los discursos de un Presidente tan necesitado de ello, resulte que sea éste quien ha vaciado de contenido las intervenciones del señor Aguilar. Sus intentos por demonizar al candidato popular tachándole de carca y antiguo fueron refutados -esta vez sí- por datos incontestables manejados por un Mayor Oreja sobrio y directo. Pero sigue quedando en el debe de los dos el haber ofrecido a la ciudadanía una propuesta concreta en clave europea, que era de lo que se trataba. Visto lo visto, no es muy probable que el debate de anoche variase mucho el sentido del voto de un número significativo de personas. En todo caso, les haría replantearse si merece la pena asistir a semejante alegato a la incomunicación: la que hubo entre los dos candidatos y sus potenciales electores.