Martes 02 de junio de 2009
Con la quiebra de General Motors se cierra uno de los capítulos más dolorosos de la industria del automóvil estadounidense. La situación del gigante del motor con sede en Detroit se había vuelto insostenible, habiendo llegado a acumular un déficit patrimonial de más de 90.000 millones de dólares. Con todo, la situación no es tan desesperada como se podría pensar ya que, al tratarse de una suspensión de pagos “controlada” -GM se ha acogido a la Ley de Quiebra de Estados Unidos, como ya hiciera su rival Chrysler hace no mucho-, la administración norteamericana puede arbitrar una serie de medidas tendentes a paliar el golpe.
No hay duda de que el colapso de GM habría sido devastador para la castigada economía americana. Pero surge la duda de si el ingreso de tanto dinero público -Obama plantea inyectar 31.000 millones de dólares- resulta una inversión cabal en tiempos de crisis. Cuando el fabricante sueco Saab -propiedad de GM- se declaró en bancarrota, el gobierno de Estocolmo anunció que no se haría cargo de la compañía, pues no estaba dispuesto a que la factura de años de mala gestión tuviese que recaer sobre los contribuyentes suecos. Algo así pensará más de un norteamericano medio -si bien esta reflexión no entiende de nacionalidades y es de aplicación global-, que ve cómo su pequeña economía doméstica sufre los avatares de la crisis, mientras grandes compañías consumen ingentes recursos públicos con un resultado claramente incierto.
Lan industria estadounidense del automóvil hace mucho tiempo que debió afrontar una concienzuda reconversión. Asia no sólo produce vehículos más competitivos en precio final, sino que ofrece recambios más baratos, emisiones menos contaminantes y consumos de carburante mucho menores. Además, la producción se había sobredimensionado sin criterio alguno y el resultado de ello es el hacinamiento de cientos de miles de automóviles a estrenar que seguramente no encuentren nunca comprador. Y, si hay algo claro, es que el ciudadano medio no tiene porqué pagar semejante factura o, en su nombre, el gobierno de todos ellos, sea de donde sea. Ayudas sí, pero no a fondo perdido.
TEMAS RELACIONADOS: