José Antonio Sentís | Martes 02 de junio de 2009
Hasta ahora, el PSOE ha sido justamente admirado por su capacidad de comunicación publicitaria. El uso de la propaganda ha ganado por goleada a los mensajes de sus opositores de la derecha, si descontamos algunos momentos gloriosos de la UCD primigenia, cuando todavía los socialistas se debatían entre su ser marxista y su vocación de poder en la democracia burguesa. Pero, desde entonces, el PSOE ha acertado campaña tras campaña, con mensajes simples para líderes fabricados en la imagen de lo social, aunque transiten por el capitalismo con mejor maquinaria que la General Motors.
Sin embargo, los gestores de las campañas socialistas parece que se lo han creído. Como han tenido éxito a base de demagogia barata, se han instalado en ella. Más aún, han profundizado en el experimento hasta límites abisales. Empezaron con fortuna inventando a una nueva especie de político: “ZP”. Después, rizaron el rizo con la concreción “Z”. De ahí saltaron a la “Zeja”. Y cuando no le quedaban más reducciones del liderazgo al absurdo han tenido que cambiar de estrategia.
Su reflexión parece haber sido: si nos han comprado una estupidez como la de la inicial Z, podremos ofrecerles cualquier simplicidad. Y como nuestro producto ya no vende como vendía, tendremos que decir que el de los otros es peor. Y han llegado a una conclusión clásica de publicistas en crisis: ridiculicemos al enemigo, parodiemos al adversario.
Así, a los cerebros en comunicación socialistas no se les ha ocurrido otra cosa que montar vídeos en los que se compara a la derecha democrática española con los nazis alemanes (protesta, por supuesto, de la embajada alemana); con los curas reaccionarios polacos (protesta a su vez de la embajada de Polonia); con las estiradas aristócratas inglesas (sin protesta en Gran Bretaña, porque las tales damas casi no existen); y con las señoras francesas partidarias de la pena de muerte (con silencio del Elíseo, porque como señora sólo se recuerda ahí ahora a Carla Bruni, que es bastante progre).
Después de esa hazaña comunicativa, el PSOE ha fabricado otro vídeo en el que asegura que el PP va a quitar las pensiones a los ancianos. Excelente hallazgo que desvela la conspiración de Aznar para romper el Pacto de Toledo para el mantenimiento de las pensiones que él mismo impulsó.
El desahogo propagandístico socialista no podía quedarse ahí. Por eso, un nuevo mensaje alertaba a los sufridos españoles de que el PP les iba a despedir de sus trabajos. Probablemente a todos. No iba a quedar ni uno. Pues, si gobernase el PP, lo que más desearía Rajoy es que nadie trabajara, y sólo los empresarios disfrutaran del capital robado a los próximamente inexistentes obreros.
Bien. Uno entiende que los mensajes en una democracia mediática tienen que ser simples y directos. Entiende que hay licencias para caricaturizar al antagonista. Pero, seguramente no es necesario llamar idiotas a los electores.
Porque, si éstos son adversarios, lo normal es que rechacen el mensaje por pueril, simple y mentiroso. El problema es la cara con la que se quedan los propios, es decir, los socialistas, a quienes esta campaña les está llamando idiotas sin paliativos. Porque tienen que asumir como propios los mensajes del partido al que van a votar, siendo éstos un sostenido insulto a su inteligencia.
Obviamente, los votantes del PSOE no son estúpidos en su conjunto, como no lo son en su mayoría los del PP. Por esa razón, el Partido Socialista tendría que evitar que lo parezcan. Porque el PP suele hacer malísimas campañas, pero, por lo menos, no degrada la dignidad de sus votantes. El PSOE ha decidido hacerlo. Ellos sabrán.
Claro que es posible que mensajes tales como identificar a Jaime Mayor con Franco, como insiste un personaje antes normal y ahora candidato como Juan Fernando López Aguilar, quizá funcione. Quizá algún seguidor de Leire Pajín o Bibiana Aído crea, realmente, que el PP empezó la Guerra Civil. Pero, la extensión de ese virus de gripe política sería realmente preocupante para el conjunto del censo de una democracia presuntamente avanzada.
La campaña socialista ha decidido que su victoria en las europeas depende de que sus votantes acepten la sumisión de la imbecilidad. Pero, de verdad, señores de Ferraz, genios de la comunicación política, maestros de la propaganda: los votantes socialistas no son idiotas, aunque ustedes se lo crean. No les insulten más, que al resto nos empieza a dar vergüenza.
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