Jueves 04 de junio de 2009
Las comparecencias públicas de destacados líderes socialistas con vistas a la cita electoral europea del domingo han tenido un contenido de lo más variopinto. Eso sí, de Europa más bien poco. Las últimas perlas las dejaban ayer la secretaria de Organización del PSOE y el ministro de Fomento. Leire Pajín avisaba a navegantes del enorme acontecimiento mundial que se avecina; a saber: dos grandes líderes progresistas con un océano de por medio: a un lado Obama, y al otro Zapatero. Blanco, por su parte, cometía la vileza de poner en tela de juicio el coste de la escolta de José María Aznar, olvidando –u ocultando- quizá que el ex presidente fue víctima de un atentado de ETA, un lapsus que está en flagrante contracción con la razón aducida par justificar el uso de aviones militares por parte del Presidente: seguridad. Por fin, ambos políticos zapateristas se felicitaban de los datos favorables del paro de mayo, acusando al PP de no alegrarse ante un “logro” semejante.
Siendo malo que no se hable de política europea ante una cita tan importante como la del domingo, es aún peor que se insulte la inteligencia de los españoles con declaraciones absolutamente fuera de lugar. Porque la seguridad ni se discute ni se comenta; lo contrario es siempre una imprudencia. Como lo es el intento de maquillar el dato coyuntural del descenso del paro con una correlación de liderazgos entre Obama y Zapatero, algo tan absurdo como ridículo. Porque sí, es una buena noticia que el desempleo haya variado su tónica descendente en mayo, pero también es sabido que dicho mes suele ser propicio para contrataciones temporales. También es verdad que ha podido influir algo el Plan E pero, con todo y con eso, conviene recordar que el empleo generado últimamente tiene fecha de caducidad, no es estable. Y ante datos así, ni el PP ni nadie medianamente responsable puede echar las campanas al vuelo.
Los líderes europeos lo son, entre otras cosas, porque en sus respectivos países llevan a cabo políticas de empleo eficaces, contienen el gasto público y no suelen despacharse -con permiso de Berlusconi- con ocurrencias absurdas. La verdadera campaña europea empieza o debería empezar precisamente ahí, aunque no parece que los principales partidos españoles se hayan enterado.