¿No ha pasado nunca por delante de una fábrica abandonada o de un túnel y se ha preguntado qué secretos esconden en su interior? Se llama “exploración urbana”, y se está convirtiendo en una forma de turismo alternativo cada vez más popular en todo el mundo.
“Prohibido el paso”. Cualquier habitante de una gran ciudad está acostumbrado a encontrarse este aviso en fábricas abandonadas a punto de ser demolidas, estaciones de metro clausuradas y viejos conductos de acceso restringido, pero nadie se rebela e ignora dicha prohibición. Nadie excepto unos cuantos intrépidos exploradores, que se hacen llamar “exploradores urbanos”.
La actividad consiste en que
un grupo se introduce de manera clandestina en parajes abandonados, antiguos edificios oficiales o lugares emblemáticos en los que el paso del tiempo ha hecho mella y se respira misterio e historia.
Las andanzas de estos intrépidos y curiosos aventureros comenzaron hace más de treinta años en las universidades de Estados Unidos.
La mayoría de los campus estadounidenses cuentan con redes infinitas de túneles subterráneos que se utilizan para canalizar tuberías y cables. Poco a poco grupos de estudiantes comenzaron a explorar las entrañas de las distintas facultades y hoy en día es rara la universidad norteamericana que no tenga su propio club de exploradores urbanos.
Con la llegada de Internet, este movimiento de “infiltración” ha traspasado los muros de las universidades norteamericanas y se ha ido extendiendo por todo el mundo,
en muy pocos años crecido de forma espectacular.
Estados Unidos y Australia son los países que cuentan con mayor número de exploradores, grupos muy organizados expertos en inspeccionar galerías de drenaje, fábricas abandonadas y túneles ferroviarios. En Europa la mayoría se encuentran en Francia, quizás porque las catacumbas de París son uno de los lugares más apetecibles del mundo para investigar. París está considerada la “meca” de la exploración urbana al poseer una red de catacumbas de más de 300 kilómetros de largo.
En España, la actividad también encontró adeptos a través de Internet, como es el caso del
Club de Exploradores de Lugares Abandonados (
CELA). Aunque estos rastreadores se muestran recelosos a aparecer en la prensa, ya que es una actividad en la que existe un gran vació legal,
EL IMPARCIAL ha conseguido contactar con Damián, fundador de dicha asociación. “CELA nació en 2005. Unos amigos y yo decidimos explorar una vieja fábrica textil abandonada en Sabadell. Armados únicamente con una cámara fotográfica y un par de linternas con escasa batería allí nos fuimos. Después de esta experiencia hablamos entre nosotros y decidimos empezar esta actividad más en serio, organizar más salidas e incluso surgió la idea de crear una página Web. Poco tiempo después creamos el Club de Exploradores de Lugares Abandonados”, explica Damián.
Caseríos en ruinas, vías de tren, hospitales, fábricas, castillos, balnearios, prisiones o bases militares,
cualquier lugar es idóneo para ser inspeccionado. Cuanto más apartado y solitario se encuentre el lugar, mejor. “Cualquier lugar, aunque sea una casa en ruinas, tiene encanto. El hecho de estar allí dentro te transmite algo especial. Cuando estás dentro piensas en la historia de ese edificio, te preguntas quién puedo vivir allí, qué pudo pasar, las cosas que te encuentras en el lugar…
es una especie de viaje al pasado”, cuenta Damián.
Existen muchas formas de localizar edificios abandonados. Un simple paseo, una salida con el coche y un poco de suerte pueden ayudar a encontrar lugares mágicos y misteriosos. Pero los ahora los exploradores cuentan con una gran ayuda, las nuevas tecnologías. Damián comenta que también se valen de “herramientas como Google Earth y, a veces, sólo con mirar los tejados de los edificios, se pueden encontrar muchos lugares que esperan se explorados”.
Tras reconocer el lugar y comprobar su ubicación exacta, sólo falta el equipo. Ropa adecuada, unas buenas botas, guantes, una linterna, una cámara de fotos y un grupo de amigos son los imprescindibles de un buen explorador de lugares abandonados.
Desafiando lo prohibidoEsta actividad también acarrea ciertos riesgos. El fundador de CELA explica que el principal riesgo es la falta de seguridad. “Los edificios son muy viejos y hay que tener mucho cuidado con los suelos y los techos, porque no sabes en qué momento puede ocurrir un desprendimiento”. Por este motivo, siempre aconsejan realizar la expedición con alguien experimentado, que sepa reconocer los peligros. “Por suerte, en todos estos años, nunca ha ocurrido nada grave”.
Sin embargo, el principal peligro al que se exponen los exploradores es el de ser descubiertos.
La exploración urbana se encuentra en una delgada línea entre la legalidad y la ilegalidad. Damián explica que ellos “no suelen tener problemas porque cuando visitamos un lugar, no hacemos nunca nada que pueda dañar el recinto, tenemos normas”.
Porque todo club que se precie tiene unas normas y las de los Exploradores de Lugares Abandonados (CELA) son muy claras:
“No romperás ni destrozarás nada, porque no es tuyo”. Otra de sus máximas es la “preservación de los lugares”, intentar mantenerlo en secreto, lejos de grafiteros, vándalos y saqueadores.
Una historia de exploradores“Un barco abandonado en Barcelona fue para mí el sitio con más encanto”, relata Damián. Ese barco llegó a Barcelona lleno de marineros extranjeros. Su jefe no tenía dinero para pagarles, el propietario del barco desapareció y los marineros se quedaron a vivir en él. Poco a poco los marineros fueron abandonando el barco, pero alguno vivió allí durante más de dos años. “Exploramos las bodegas, el motor, la sala de control… estando
allí podías ver y sentir lo que todos ellos habían vivido allí durante todo ese tiempo”.
Pero para un buen explorador no hay lugares malos, sólo sitios diferente en los que encontrar historias apasionantes.