Luis María ANSON | Domingo 07 de junio de 2009
A Fernando VII no le ponían las carambolas tan fáciles como a Rajoy. Cuatro millones de parados, al galope sobre la crisis económica, no han sido suficientes para que el líder popular arrolle al socialista. En la parte más suculenta de Europa, el socialismo se ha desmoronado en las elecciones europeas hasta un 23% mientras el centro derecha ha raspado el 40%. En España, no. En España ha perdido pero ha resistido. Rajoy debió ganar por ocho o diez puntos. Ha desbordado a Zapatero en poco más de tres puntos y dos escaños. Y eso que contaba con un gran candidato: Jaime Mayor Oreja. El gran político vasco, si no llega a ser por el peso muerto de Rajoy, hubiera barrido a los socialistas.
El resultado es que Mariano Rajoy no ha ganado a los socialistas en la proporción que en el Reino Unido lo han hecho los conservadores. Pero ha vencido y por eso no perderá el liderazgo del PP. Así es que volverá a concurrir a las elecciones generales que ya perdió en dos ocasiones y que, a pesar del caos zapateresco y la crisis galopante, tiene más probabilidades de volver a ser derrotado que de ganar. Y tal vez siga Rajoy empeñado en hablar del Falcon y otras menudencias, en lugar de centrarse en las cosas serias que preocupan a los españoles.
Zapatero, por su parte, mantiene la estabilidad. Si llega a ser derrotado por ocho o diez puntos, se hubiera enfrentado con una moción de censura con probabilidad de derribarle. Ahora, no. Ahora Zapatero llegará a las generales tras seis meses de gloria en la presidencia europea y con una situación económica en recuperación. Y se presentará ante la opinión pública con su habitual cinismo como el bombero dedicado a apagar el fuego que él mismo encendió. El pirómano quedará así perdonado y votado.
Y en medio de un resultado electoral que deja todo de forma muy parecida a como estaba, el partido vencedor fue una vez más el de la abstención. Más de la mitad de los votantes españoles están más que hartos de la deleznable clase política que padecemos y de la caravana incesante de las corrupciones y las trapisonderías.
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