Jueves 11 de junio de 2009
El Ministerio de Defensa español, presidido por Carme Chacón, ha vuelto a ser el centro de atención del debate nacional e internacional, por protagonizar una nueva polémica de índole castrense, más propia de una novela del escritor estadounidense León Uris que de la vida real. Ayer circuló, tanto por los pasillos de Defensa como por las pantallas de los ordenadores de los españoles, una vídeo-conferencia en donde se puede apreciar al general de Brigada español, José María Prieto Martínez -responsable del contingente español de Naciones Unidas en el Líbano- insinuando que sus soldados se encontraban llevando a cabo labores para “la búsqueda de una célula de espionaje israelí”.
Como puede suponerse, la difusión de este comunicado audiovisual desató el escándalo, ya que fácilmente puede interpretarse como una presunta participación de las fuerzas españolas en actividades de contraespionaje. Una situación que, de ser cierta, comprometería seriamente al ejército español, no sólo frente al estado que representa y a sus compatriotas, si no ante los ojos de la Comunidad Internacional, por vulnerar los protocolos de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano (FINUL), que establece explícitamente que las Brigadas Multinacionales, dentro de esta región en conflicto, deben mantener el control neutral de la zona y no interferir en asuntos internos de los países en disputa.
Sin bien la ministra Chacón, el Ministerio de Defensa y el propio general Prieto, desmintieron en el acto la alusión inicial del vídeo y aclararon el contenido del mismo -asegurando que son las Fuerzas Armadas libanesas las que están poniendo en marcha un operativo de contraespionaje israelí, que hasta el momento ha dejado como saldo la detención de algunos “espías”- no cabe duda que la polémica y la interrogante están servidas.
Las explicaciones, protestas y justificaciones aducidas por las autoridades españolas parecen inverosímiles ante el testimonio abrumador de la videoconferencia de Prieto, donde se evidencia, entre líneas, una intervención por parte del Ejército español “en las labores de búsqueda” de espías israelíes en el Líbano.
Esperemos que, en las próximas horas, Carme Chacón sea capaz de dilucidar este nuevo embrollo castrense que puede poner en riesgo la honorabilidad de una institución que lleva un amplio y muy reputado expediente de misiones de paz.
España debe moverse apropiadamente en una frontera tan compleja y conflictiva como la libanesa. Tanto por tener como vecino a Israel -un estado que no le tiembla el pulso a la hora de responder- como por “cohabitar” con los milicianos del grupo terrorista Hizbulá, que desarrolla sus actividades dentro de un país donde la inestabilidad política está a la orden del día, dada la omnipresente presión que ejerce Siria sobre el mismo. Ojalá que el gobierno español no esté dando pasos en falso en el sentido de jugar a la cacería de espías.
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