Opinión

Concepto de nación

Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 12 de junio de 2009
Parece ser que gracias al nuevo concepto de “nacionalidad española”, que Zapatero ha insuflado en su alta política, en virtud, entre otros hallazgos peregrinos, de la Ley de Memoria Histórica, ser español ya no es haber nacido entre unos determinados ríos, bajo unos montes concretos y en un suelo específico que configuran un mapa político llamado España, sino que ser español, de acuerdo al nuevo sentido que infunde Zapatero al concepto nación, es un mérito moral y político, que básicamente se define como “reunión de gentes nacidas en cualquier parte del mundo que tienen la misma fe laica y el mismo credo político que ese faro de occidente que se llama Zapatero”.

Ser un verdadero español no consiste ya en haber nacido en España - ¡qué cosa más ordinaria y sin gracia, máxime cuando España se ha diluido en la España de las Comunidades Autónomas! -, sino en participar activamente en la revolución zapateresca. Español ya no es un gentilicio, sino toda una alta condecoración política otorgada por Zapatero. Lo malo es que la generosidad zapateresca es tan inexhausta que puede exterminar naciones enteras otorgando la nacionalidad española. Así, algunas naciones hispanoamericanas ya están un poco mosca con este nacionalismo invasor de Zapatero. El gobierno cubano critica acerbamente estas condecoraciones de nacionalidad, porque ve que se le van a pasar a la metafísica nación española doscientos mil cubanos traidores a Cuba (!!). Es que Zapatero es capaz de acabar con Castro a base de devoción castrista. Pero el inmortal Castro ya está entonando desde lo hondo de su pecho: “Al combate corred Bayameses / que la patria os contempla orgullosa;/ no temáis una muerte gloriosa / que morir por la patria es vivir”. El propio Méjico comienza ya a estar incómodo con la vieja nacionalidad neoinvasora.

¡Pobres ingenuos hispanos! No saben que para Zapatero la nación española no es un hecho de existencia, sino un seminario ideológico “utópico” ( sin territorio ), como la URSS del camarada Stalin antes de que el aliado Hitler la atacase ( entonces sí que Stalin apeló junto al gran Patriarca Pimen a la patria y a la gran nación rusa: al final salió muy ruso ). España ya no es un hecho de existencia, un dato empírico, como la familia Rubio, la famila Dacosta o la familia Pérez, sino que es un club ideológico, un club de valores morales, una nueva iglesia.

A base de difuminar las fronteras semánticas de la nacionalidad española, el actual Gobierno está acabando con el sentido político y jurídico de la nacionalidad española. A lo sumo, los únicos gentilicios basados en la realidad y en referencias palpables serán los de “catalán”, “vasco”, “gallego”, “andaluz”, “manchego”, “murciano”, “valenciano”,...”castellano” - no, quizás castellano, no-. Le pasa a Zapatero un poco lo que al emperador Caracalla, de la dinastía de los Severos, que cuando publica en el 212 el edicto sobre el derecho de ciudadanía ( “Constitutio Antoniana” ), por el que se hacen ciudadanos romanos a todos los hombres libres del Imperio ya está encima la Crisis del siglo III y la lentísima pero imparable decadencia del Imperio Romano. Ser “civis Romanus” ya no tenía el inmenso significado y grandeza que tenía en la época de la República. Ya no era ni su sombra. Zapatero, que encima no es el emperador de un Imperio, otorga la ciudadanía española cuando ni él mismo cree en España, o, en todo caso, tiene una muy equivocada, estrafalaria o ergotista idea de lo que es España.

¿Por qué no querrá ver a España con la precisión con la que ve a las demás naciones? Hasta los niños lo entienden.

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