Opinión

Economía y cultura

Mayte Ortega Gallego | Domingo 14 de junio de 2009
Recientemente se ha celebrado en la Cámara de Comercio de Barcelona el primer congreso internacional sobre “Economía y Cultura” http://www.economiaicultura.org.

Acudí, vi, y transcribí. Las intervenciones a cargo de políticos, tanto de la Generalitat como del Ministerio de Cultura, como de representantes de organismos internacionales se convirtieron en una especie de bucle navideño (digo esto por estar cargado de buenas intenciones) del que ellos mismos, salvo honrosas excepciones, no saben cómo salir. Ante cualquier pregunta hay una respuesta comodín: “estamos ante un problema complejo que sólo resolveremos con el consenso y participación de todos los actores”. Esta frase pude escucharla en inglés, castellano, catalán y francés. Y el auditorio se queda pensando: “bueno, y ahora, ¿qué?”. No hay más. No hay contacto con la tierra, sólo títulos rimbombantes, partidas presupuestarias y protección de colectivos minoritarios y la certeza compartida del inmenso poder que representa la cultura.

Cuando mi ánimo estaba a punto de sucumbir, llegué a un debate titulado “Empresas emergentes”. La ocurrencia de uno de los ponentes afirmando no tener ninguna empresa de ambulancias me reconcilió con el “mundo cultureta”. Gente que tiene contacto con la tierra. Gente que vive realmente de su empresa, que este caso se inserta en el sector cultural. No es gente que vive de opinar cómo otros deberían gestionar su empresa… cultural. Narraron sus experiencias con gracia y desenvoltura, con alarde de citas literarias (que se note que provenimos de un sector cultural y sabemos lo que es una cuenta de resultados y una aporía de Zenón). Hablaron de fracasos, de estrategia, de costes, de creación de valor, de ilusión también y sobre todo se interrumpieron, bromearon y discreparon de ponencias anteriores. Pensé que no era la única que veía al político desnudo.

Cuando salimos del acto de clausura me preguntaron mi opinión sobre el desarrollo del congreso y afirmé que me había hartado de tanta autocomplacencia entre políticos, de tanta falta de comunicación en las mesas de debate. No sé por qué le llaman debate a un encuentro unidireccional donde el moderador lanza una pregunta por invitado ordenada y pautadamente sin asomo de discrepancia y donde todos se muestran encantados con la respuesta del anterior. El contrapunto a este modelo soporífero lo puso el Sr. José Manuel Lara, Presidente del Grupo Planeta quien sí se atrevió a discrepar de sus compañeros de mesa y quien contraviniendo todo el aparente consenso sobre la importancia de protección y protección y más protección en el sector cultural dijo: “no se engañen, la globalización es económica pero la localización es cultural”.

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