sobre ruedas
Martes 16 de junio de 2009
Nos llegan noticias desde Unespa, la patronal del seguro, de que las compañías aseguradoras lo están pasando mal en el sector de las pólizas de automóviles. Ninguna novedad.
En esta actividad confluyen dos aspectos negativos. Por un lado, la importantísima caída de las ventas de coches nuevos y consecuentemente, el descenso en la contratación de nuevas pólizas. Y en segundo lugar, y esto es más grave, el importante incremento de las pólizas a terceros en detrimento de las de todo riesgo. Los españoles que padecen la crisis han decidido en un porcentaje muy notable, modificar las condiciones de sus contratos de seguro, pasándose a modalidades mucho más baratas (como es el caso de las pólizas de daños a terceros)… y que sea lo que dios quiera.
Estas pólizas son ya mayoritarias en las aseguradoras de más volumen, como la Mutua y Mapfre y va a traer como consecuencia todo un importante cambio en los servicios prestados. Así, la tramitación de los siniestros será más lenta; las reparaciones se encarecerán y se dilatarán en el tiempo ya que los procedimientos de peritación serán más complejos y con más litigios. Si la situación no se cambia pronto, habrá aseguradoras que perderán interés por esta modalidad (la del automóvil) o reducirán apreciablemente la cantidad y calidad de los servicios prestados. En definitiva, más dificultades económicas para todos.
Sin embargo, un sector que mira al horizonte con cierta confianza es el de los coches híbridos. La verdad es que todos los coches son híbridos, ya que en todos los casos, con el motor de explosión se produce electricidad, que se almacena en un conjunto de baterías acumuladoras para cuando sea necesario emplear esta otra energía. Pero mientras en los coches más convencionales, esta electricidad se emplea para servicios auxiliares (arranque, iluminación, elevalunas, sonido… etcétera), en los que llamamos híbridos se utiliza también para mover el coche, reduciendo los consumos de combustible.
Toyota acaba de presentar una evolución de su muy interesante Prius en el que, la electricidad para mover el coche no sólo la produce el motor de gasolina, sino que puede ser almacenada en sus grandes baterías desde un enchufe doméstico. Este Prius plug-in (que así se denomina a esta técnica de recarga exterior) es bastante diferente a la tercera generación del Prius que se comercializa desde hace unas pocas semanas en España. Las baterías son de iones de Litio, del mismo tipo que las de los teléfonos móviles más modernos y que tienen una capacidad diez veces superior a las de Hidruro de Níquel que se vienen utilizando en los híbridos. Con estas baterías la potencia del motor eléctrico pasa de 1.300 watios a 5.300 watios.
Para quien no esté familiarizado con lo que esto significa digamos que el motor de gasolina del hibrido es de 134 caballos de potencia máxima, es decir, 98.000 watios, unas 18 veces más potente que el eléctrico. Otra de las ventajas de las nuevas baterías es que no tienen efecto memoria; es decir, pueden recargarse casi sin límite; eso sí, a un coste muy superior que hará que el Prius plug-in sea notablemente más caro, aunque en un porcentaje aún no determinado.
Para quien piense que el futuro está en el coche eléctrico, pensemos en algunos datos que ofrece este excelente Prius: es capaz de recorrer 8 kilómetros a una velocidad de 100 kilómetros por hora. Si: han leído bien, 8 kilómetros. Si se quieren recorrer más kilómetros, hay que recurrir al motor de gasolina. Y es que, aunque esta fórmula híbrida presenta aspectos muy interesantes, se hace demasiada demagogia sobre su futura implantación generalizada. Sigue siendo cara y poco útil, aunque interesante en algunas utilizaciones urbanas y como paso previo a la utilización de otras energías térmicas sin contaminación (el hidrógeno), pero aun lejanas en el tiempo.
Y ya que hablamos de demagogia, un breve comentario sobre un libro de reciente aparición, en el que se hace mención a la utilización de algunos coches por miembros de la Familia Real. Nos referimos a “El negocio del poder”, de los periodistas Daniel Forcado y Federico Quevedo. En las páginas que hacen referencia a la utilización de los coches, se vierten algunas imprecisiones; la más escandalosa es decir que el Rey pisa el acelerador con el pié izquierdo. Pero lo más inexacto es sugerir que son los miembros de la Familia Real quienes abusan de la utilización de los automóviles a su servicio.
Es cierto que la mayoría de las marcas prestan a la Familia sus modelos más recientes y más exclusivos: Ford, Audi, Mercedes, BMW y Porsche entre otros; pero es más cierto que estos préstamos se prolongan casi indefinidamente porque, tras una breve toma de contacto por parte del Rey o el Príncipe (que ni siquiera se produce siempre), luego son los miembros de la Casa y de los servicios de seguridad quienes los utilizan, a menudo de manera abusiva. Así pues, que cada palo aguante su vela.
José María Cernuda
jmcernuda@elimparcial.es
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