Opinión

Argentina: vísperas electorales

Enrique Aguilar | Miércoles 17 de junio de 2009
Ya falta poco. El 28 de junio tendremos elecciones legislativas para la renovación parcial de las cámaras en los tres niveles: nacional, provincial y municipal.

Lo que debería experimentarse como un hecho normal, provechoso en sí mismo y de trámite pacífico, es vivido a estas horas como una apuesta a todo o nada, que conduce a que la violencia verbal prevalezca por sobre el debate, el improperio sobre la réplica y el triunfalismo sobre la sensatez.

La Argentina parece ser una sociedad que ha perdido la capacidad de escuchar y de escucharse. Nos domina la ofuscación y, por lo mismo, alzamos la voz frente al menor desacuerdo. A fuerza de no reflexionar, nos indigestamos con nuestras propias palabras, vulgares, impertinentes y hasta ambulantes en su significado por cuanto un mismo insulto nos sirve para todo, salvo, ciertamente, para comunicarnos.

Es una lucha sin cuartel y sin vergüenza (ni ajena ni de la otra). Por eso vale todo: candidaturas “testimoniales”, listas “colectoras”, preanuncios de fraude, persecuciones judiciales, homónimos que son lanzados al ruedo para confundir a electores distraídos e iletrados... Por ejemplo, si un candidato se apellida Fulano, otro partido (bajo la sombra del oficialismo) postula a un Fulani que presta su nombre al tiempo que confiesa públicamente que la política “no le interesa”. Pecata minuta para aquellos que consideran que la democracia representativa es asimilable al cesarismo y que, por lo tanto, el principio electivo es una y misma cosa que la aclamación.

Todo vale, es decir, nada tiene valor. Hace ochenta años Ortega y Gasset sostenía que “el problema más sustantivo de la existencia argentina es su reforma moral”. A la luz de esta campaña electoral (la más “sucia” que se recuerde desde 1983), da grima pensar que esta afirmación no haya visto menguada su vigencia.

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