Opinión

¿Poner el ventilador o atajar la corrupción?

Jueves 18 de junio de 2009
Cuando no es uno, es otro, pero lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, PP y PSOE se van alternando en el ranking de presuntas corruptelas. Hace bien poco el caso “Gürtel” subía un peldaño más y llegaba al Tribunal Supremo, en virtud de la supuesta implicación del tesorero del PP y otros diputados en irregularidades fiscales. Al mismo tiempo, se van conociendo más datos -los que no oculta la Junta de Andalucía- del presunto entramado de conexiones, subvenciones y tratos ventajosos del vicepresidente Chaves y varios miembros de su familia.

Siendo grave que servidores públicos se vean implicados en prácticas poco éticas, lo es más en una época de crisis como la actual. Además, resulta de todo punto inadmisible que los dos partidos más importantes de España carguen entre ellos por éste o aquél escándalo. Si se demuestra el nepotismo que parece pender sobre la familia Chaves, José Luís Rodríguez Zapatero no debería mantener un solo segundo en su puesto al Vicepresidente tercero. Por su parte, Mariano Rajoy ya tendría que haber tomado cartas en un asunto que se le está yendo de las manos. Porque siendo el sumario farragoso y estando plagado de filtraciones -cosa explicable, habida cuenta de que fue Garzón quien inició su instrucción-, cada vez parece más claro que las actividades de Bárcenas, Galeote y otros tantos no eran trigo limpio. Aquí, además, se da el agravante de la inacción del líder popular, sobre todo considerando que el asunto podría afectar de manera directa al tesorero del partido, un hecho –como ya hemos reiterado- de una considerable gravedad.

Cualquier partido político debe ser implacable a la hora de atajar comportamientos poco claros. Es moralmente exigible y, de paso, electoralmente rentable. En este sentido, el PSOE ha actuado en ocasiones con más de celeridad que el PP. En cualquier caso, no basta. Todo partido político debería de tener mecanismos de control interno que evitasen determinadas actuaciones o, en su caso, depurasen a quienes no obran como deben. Y no, como ahora, practicar la técnica del “y tú más”. Hay que limpiar la casa propia antes de denunciar la suciedad en la ajena.

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