Sábado 20 de junio de 2009
El departamento Administrativo de Seguridad (DAS), institución responsable de los servicios de inteligencia en Colombia, ha visto últimamente, cómo muchos de sus trapos sucios han visto la luz. Unos trapos que van a ser difíciles de lavar de cara a la opinión pública de ese país. No suficiente con verse inmerso en el escándalo de espionaje telefónico a periodistas y líderes de la oposición colombiana, el DAS tiene que hacer frente a uno mucho más delicado y comprometedor: el ex director de la organización, Miguel Maza Márquez, está siendo investigado por el magnicidio del candidato presidencial por el Partido Liberal, Luís Carlos Galán, quien fue asesinado el 18 de agosto de 1989 en la localidad de Soacha (Cundinamarca), cuando se dirigía a dar un mitin político a sus seguidores. Para esa época, Maza Márquez ocupaba la máxima jerarquía dentro del DAS, por lo que difícilmente podría vinculársele con el asesinato del líder político que, a la sazón, repuntaba en las encuestas para hacerse con la presidencia de Colombia de cara a los comicios de 1990.
El narcotráfico era el mejor nexo entre el crimen y sus culpables, por lo que terminaron siendo inculpados, Jhon Jairo Vázquez Velázquez, alías “El Popeye”, y el ex senador Alberto Santofimio Botero, miembros ambos de la cúpula del cártel de Medellín; éste último por la presunta autoría intelectual del magnicidio. Sin embargo, nunca se supo a ciencia cierta quien o quienes estaban detrás de la muerte de Galán, hasta que uno de los ideólogos de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Iván Robert Duque,-conocido en los círculos del paramilitarismo por el nombre de “Ernesto Báez”-, señaló a Maza Márquez, lo que encendería la mecha del escándalo en las altas esferas del DAS, cuyo humo terminaría por manchar aún más la imagen de la institución.
Por el momento, la Fiscalía colombiana citó al ex director de inteligencia para poder aclarar algunas interrogantes que continúan pululando en el caso Galán, veinte años después. De verse seriamente involucrado Miguel Maza Márquez en el magnicidio del que pudo haber sido presidente de Colombia, no se procesaría judicialmente sólo a un hombre por asesinato, sino a una institución del Estado, que cada vez se ha visto más comprometida en una inadmisible guerra sucia. Y ese “trapo” va a ser muy difícil de lavar por más distancia que medie.