Opinión

La contribución turca

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 20 de junio de 2009
La situación en Irán ha complicado el diabólico laberinto de Oriente Medio y el Mediterráneo oriental. Tras la derrota de Hizbolá en el Líbano y la gira de Barack Obama por la zona y mientras las multitudes se manifiestan en Irán contra el posible fraude electoral, Turquía ha manifestado su deseo de reanudar la mediación entre Siria e Israel que quedó suspendida por el país árabe so pretexto de las operaciones israelíes contra Hamás en la Franja de Gaza. Ahmet Davatoglu, Ministro turco de Asuntos Exteriores, ha declarado que cuando las dos partes estén listas podemos empezar y Turquía esta preparada para contribuir a este proceso, que es muy importante para la estabilidad de la región. No debe minusvalorarse la contribución turca a la paz en la zona.

En realidad, Turquía viene desplegando una poderosa actividad diplomática en la región desde hace varios años. El puesto de miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se ha sumado al papel que Turquía viene desempeñando en organizaciones internacionales como el Consejo de Europa, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la Organización de la Conferencia Islámica y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

Los esfuerzos turcos en Oriente Medio no han sido menores. Desde la acogida del Foro Ankara entre el Gobierno Israelí y la Autoridad Palestina al apoyo a la reconstrucción de Irak, no ha habido debate regional de importancia sin una opinión turca autorizada.

Sin embargo, en esta ocasión, el desafío turco podría ser aún mayor que en el pasado. El resultado de las elecciones iraníes no permite augurar un Gobierno fácil para el presidente Mahmud Ahmadineyad. Hasta ahora, el Gobierno de Teherán ha aunado la represión de los manifestantes con ciertos gestos hacia los derrotados. El Consejo de los Guardianes, máximo órgano colegiado del régimen, parece dispuesto a escuchar las quejas de Musavi y sus partidarios. Sin embargo, la censura y la persecución de los manifestantes se prolongan desde hace días sin que nadie pueda decir con precisión que sucede en el país.

El resultado en Irán condicionará la política siria pero no provocará grandes cambios. Si el régimen de El Assad continúa contando con el apoyo de Teherán, cuya influencia es decisiva, será difícil que la intermediación turca –por grandes que sean sus esfuerzos- desbloquee una situación ya muy enquistada. Tanto los anteriores acercamientos franceses como los esfuerzos de Ankara han chocado con los acontecimientos, que en Oriente Medio suelen precipitarse.

Ahora bien, el verano suele deparar sorpresas y noticias en la zona. Hay que ver cómo evoluciona la política de Estados Unidos hacia Israel y la Autoridad Palestina y observar los cambios que la Administración Obama pueda propiciar en los países árabes, especialmente en Egipto y Arabia Saudí. En Irán, no parecen anunciarse grandes cambios a pesar de la lucha por el poder entre Musavi y Ahmadineyad, es decir, entre las facciones dentro del propio régimen. La carrera nuclear puede precipitarse si la comunidad internacional no detiene los esfuerzos iraníes por hacerse con armamento atómico; mientras tanto, Israel no podrá bajar la guardia.

Con este panorama, los esfuerzos en pos de una solución para las tensiones en Oriente Medio pasan por muchos sitios, y, entre ellos, está el Palacio de Cankaya, en Ankara, sede del Gobierno turco.

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