Opinión

A merced del viento

Alicia Huerta | Miércoles 20 de febrero de 2008
Me da la impresión de que esta vez el chapapote no llega a Madrid. Me pregunto en qué se diferencia el chapapote del norte del chapapote del sur. ¿Acaso uno es rojo y el otro azul? A mí, los dos me parecen igual de negros y de pringosos. Igual de contaminantes, por más que en Algeciras no haya percebes. Tampoco difieren mucho las personas, que envueltas en trajes de blanco sucio se afanan en despegarlo y retirarlo y, sin embargo, la imagen no resulta familiar porque las figuras se pierden entre los kilómetros de arena teñida del color de la mugre. Hay tan exageradamente pocas. ¿Nunca mais?


El pasado 12 de agosto, el buque chatarrero de bandera panameña y nombre New Flame encalló frente a la colonia británica de Gibraltar, sin que durante todo este tiempo nadie haya realizado una gestión eficaz al respecto. España es el país directamente afectado por este desastre de vertidos de fuel e inmundicias varias que, sin embargo, daña al medio ambiente de todo el planeta. Nos llevamos las manos a la cabeza ante documentales de denuncia como el del oscarizado y multimillonario Al Gore, pero cuando se trata de descender a lo concreto nos quedamos a la deriva lo mismo que la barcaza panameña de desechos.


Peter Caruana reconoce que el fuel procede del buque, pero afirma que se trata de combustible ligero de la maquinaria usada por el equipo que intenta rescatar el barco. La Unión Europea, por su parte, asegura que un barco comunitario está listo desde septiembre para intervenir en las tareas de limpieza en el momento en que lo solicite la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima Española, pero que hasta ahora nadie lo ha solicitado. Y aquí, la Ministra de Medio Ambiente decía en rueda de prensa que por desgracia el temporal se había adelantado al rescate del buque. Es verdad, hay que ver la mala baba que se gasta la climatología, ya podía el fuerte viento haber tardado en venir ocho meses en vez de siete. ¿O no?


Pero por no ponerse de acuerdo, en España ni siquiera lo hacen los Ministerios. El de Asuntos Exteriores ha tenido que corregir al de Medio Ambiente y aclarar que la gestión del naufragio la ha realizado Gibraltar, simplemente "en aras de la buena vecindad", pero que el buque no está, como se excusaba la señora Narbona para no hacer nada, en aguas territoriales de Gibraltar porque, de acuerdo con el Tratado de Utrecht, el Peñón y su istmo no poseen más aguas que las de su puerto. Por último, los ecologistas se quejan y amenazan con denuncias, faltaría más, pero echo de menos las vistosas pancartas y las multitudinarias manifestaciones.


Y como dice la sabiduría popular, entre todos le mataron y él solo se murió, o si lo prefieren, los unos por los otros, la casa sin barrer.

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