Domingo 21 de junio de 2009
El Instituto Cervantes celebraba ayer sábado la fiesta del español, un idioma que goza de excelente salud y que, a día de hoy -con permiso del chino- es el segundo más hablado del planeta. El entorno festivo atestiguaba la satisfacción que produce ser partícipes de un instrumento de comunicación de carácter global, rico y en constante evolución. Cada año la Real Academia de la Lengua recoge nuevas entradas, enriqueciendo todavía más un idioma que une culturas y continentes. Su desarrollo transcurre parejo en España y en el resto de los países de nuestro idioma, que constituyen la inmensa mayoría, donde los diversos giros y acepciones son el testimonio del carácter vertebrador que puede llegar a tener una lengua. La Academia es el resto afortunado -y consensuado- de aquel legendario e inmenso imperio. Y lo es porque es mucho más en español que española, en la medida que nuestra lengua es, sobre todo, un idioma americano y así lo reconoce el trabajo de la Academia.
En este sentido, contrasta que sea precisamente en su país de origen, España, donde el español sufra el sinsentido de los ataques perpetrados por nacionalistas fanáticos, cuya estrechez de miras les impide ver más allá del campanario. Con todo, estos ataques son inútiles, a la par de ridículos. Cada vez hay más gente en todo el mundo que quiere aprender español; en español escriben y hablan intelectuales de medio mundo y el legado cultural del español a lo largo de la historia forma parte ya de un patrimonio común. El español está muy vivo; que así siga es tarea de todos.