Opinión

El drama iraní

Martes 23 de junio de 2009
Irán vive una oleada de violencia “oficial” desde que Mahmoud Ahmadineyad se alzase fraudulentamente con el triunfo en las elecciones del pasado 12 de junio. Porque oficial es ya el fraude, reconocido por el todopoderoso Consejo de Guardianes de la Revolución, quien admite la existencia de millones de votos fantasma. Oficial es también el dato de la veintena larga de muertos en las manifestaciones callejeras. Y oficial es, en suma, la declaración del actual presidente proclamándose vencedor y acusando a Occidente de espolear a la oposición.

Un pucherazo oficial. Reconociendo irregularidades en un número significativo de votos, el Consejo de Guardianes de la Revolución intenta lavar la cara al admitir una circunstancia que, por sí misma, no bastaría para modificar ostensiblemente los resultados. Al mismo tiempo, vinculando a la oposición con las democracias occidentales, justifica una brutal y contundente represión, a la que se une la censura casi total de cualquier tipo de imagen o testimonio que pueda dar fe de lo que allí sucede. Un intento fallido –y la prueba que estamos viviendo en Irán o Cuba tiene un enorme interés- gracias a que la globalización de la información, vía internet, deshace cualquier censura.

En ocasiones, un pueblo debe luchar por su libertad. Y no hay duda de que los iraníes están dando una lección en este sentido. Por eso mismo, pese a que Ahmadineyad sostenga que la comunidad internacional debe abstenerse de injerencias en los “asuntos internos” de Irán, el hecho de que se esté produciendo un ataque frontal contra la libertad hace que la causa de los iraníes sea una causa universal. Con arreglo a ello, han de actuar tanto Occidente como Rusia, tradicional aliado de Teherán y cuya responsabilidad moral en la violencia desatada estos días es considerable. Por cierto, casi nadie recuerda ya que fue Irán el principal inspirador de la Alianza de Civilizaciones, esa que tanto gusta a los gobiernos turco y español…

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