tras 17 huelgas en la cadena
Martes 23 de junio de 2009
Agustín de Grado, director de los Servicios Informativos de Telemadrid, responde en un artículo publicado en La Razón a los sindicatos después de 17 jornadas de huelga en la televisión pública autonómica. De Grado subraya que los madrileños pagan 77 millones de euros para pagar a las 3.242 personas liberadas a tiempo completo por los sindicatos en la administración regional.
En un artículo publicado este martes en La Razón, el director de los Servicios Informativos de Telemadrid, Agustín de Grado, responde a los sindicatos después de 17 jornadas de huelga en la televisión pública de la Comunidad de Madrid. "Ha llegado el momento del basta ya", escribe De Grado, "la manga ancha de las administraciones y empresas públicas con los liberados sindicales (esto es, personas que cobran, no por el desempeño profesional para el que fueron contratados, sino por dedicar -supuestamente- su jornada laboral completa a la defensa de los trabajadores) se está mostrando como el escándalo que es en época de crisis". Y aporta datos: "Los madrileños desembolsan en impuestos 77 millones de euros para pagar a las 3.242 personas liberadas a tiempo completo por los sindicatos en la administración autonómica, una tercera parte de ellos en la sanidad pública".
Agustín de Grado se pregunta en su artículo titulado "La casta sindical" si los ciudadanos saben que, "por cada trabajador que se va al paro en uno de los frecuentes Expedientes de Regulación de Empleo que se aprueban estos meses, CCOO y UGT cobran un porcentaje en concepto de «asesoramiento en la negociación» que se devenga de la cantidad que cada empleado recibe por su despido". El director de Informativos de Telemadrid también cuestiona el sentido de los sindicatos "tal y como los padecemos" "en un modelo económico donde cada vez son más los trabajadores convertidos en empresarios (los autónomos) y donde la cualificación profesional reduce ese ideal de la clase trabajadora a una fantasía".
"Los tiempos han cambiado y corren en su contra. De ahí su resistencia a perder un poder edificado sobre privilegios y connivencias políticas, por un lado; de miedos y complejos, por el otro. Sin afiliados (el 90 por ciento de los trabajadores no milita en sindicato alguno), con una representación que no se corresponde con su penetración en el cuerpo laboral y con cuantiosas subvenciones públicas (13,5 millones de euros en 2009) como sustento, CCOO y UGT se han transformado en un vulgar (pero poderoso) grupo de presión más". Revela a continuación De Grado la estrategia de los sindicatos: "Chantajear al Gobierno de turno para que ceda a sus pretensiones a cambio de prestarle apoyo político o no crearle problemas. ¿Y cuáles son hoy los intereses de los sindicatos? No los trabajadores en general, como quieren hacer creer a una sociedad cada vez más recelosa de sus intenciones. Son, por este orden: conservar su status de «agente social» (que le reconoce un poder de consulta, decisión y veto privilegiado, más allá de los ámbitos propios de lo que debiera ser la legítima acción sindical), proteger a sus afiliados y liberados (brazo armado para cuando urge una demostración de fuerza en la empresa o en la calle) y, en último lugar, preocuparse de los trabajadores que aún conservan el empleo (los únicos que pueden votarles)".
Y concluye Agustín de Grado: "A medida que la clase trabajadora deja de existir, una casta sindical medra y se instala cómodamente en la ficción. Con el beneplácito de unos, el temor de otros y la financiación de todos nosotros. Basta ya".
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