Opinión

Las fichas se mueven pero el tablero es el mismo

Víctor Morales Lezcano | Martes 23 de junio de 2009
El discurso que pronunció el presidente de los Estados Unidos de América el 4 de junio, no ha dejado de dar la vuelta al mundo; ni de ser reconsiderado con todo interés a un lado u otro de la triple frontera “islamo-judeo-cristiana”.

Ahora bien, como Obama en persona puntualizó en los primeros minutos de su intervención en la Universidad de El Cairo, “un discurso no puede poner fin a varios años de desconfianza”. A todos aquéllos que consideramos necesario la progresión de una visión amplia, generosa y conciliadora de las relaciones internacionales, el discurso de Barack Obama nos parece que ha traído una oxigenación portentosa a la viciada atmósfera de la power politics tradicional.

Ésta prosigue, empero, su curso. Dos indicios demostrativos de la independencia de su curso, los tenemos patentes y a la vista en las elecciones celebradas recientemente en El Líbano y en Irán.

En el país de los cedros, la coalición dicha 14 de Marzo -moderada internamente y abierta al diálogo con Occidente- ha ganado el pulso a Hezbolá, ramificación libanesa del chiísmo musulmán, que tiene asiento principal en Irán..

De otra parte -y pocos días más tarde- Mahmoud Ahmadineyad ha revalidado en Irán su candidatura a la presidencia de la República; la magistratura de Ahmadineyad es equivalente a primer ministro entre nosotros. Las urnas, pues, han dado al traste con las expectativas de libertad alimentadas por el voto joven y de progreso iraní. Mir Hussein Moussavi, veterano político y ex-ministro del Guía Supremo (Jomeini) de la revolución clerical en Irán durante los años 80, ha obtenido sólo la mitad de los votos de su contrincante, respaldado éste último ab initio por la jerarquía religiosa y los pares de la jurisprudencia clerical.

Es así, como se ha resuelto, entre el Mediterráneo oriental y las aguas del Golfo Pérsico, el equilibrio entre las facetas diversas que, también en el plano político, alberga el Islam.

El Tesoro Público de Irán y la solidaridad confesional, han costeado muchos presupuestos de Hezbolá en El Líbano, siempre encuadrados dentro de la política exterior desafiante que Teherán ha venido acentuando en los últimos años en el terreno de la energía atómica y en el anatema sin contemplaciones del Estado de Israel. La coalición del 14 de Marzo tendrá que operar con sabiduría desde la administración para evitar que la frágil sociedad libanesa vuelva a resentirse de su cíclica recaída en la “balcanización” interior que le ha lastrado durante medio siglo.

En cuanto a Irán mismo, habrá que permanecer a la expectativa ante la fractura interior que han revelado las elecciones a la presidencia (gobernación) del país. ¿En qué medida, la oferta del populista Ahmadineyad -ingeniero de profesión y puro brote chií de la cosecha jomeinista- será invalidada por el deseable cambio de tónica relacional avizorable actualmente entre Estados Unidos y el Islam? ¿O, por el contrario, será una oferta que pueda salir fortificada en su significación por pocos errores que la República imperial cometa en el avispero del Oriente musulmán?

La hora presente está cargada de posibilidades alentadoras, aunque a nadie se le escapan los riesgos que entraña.

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