Opinión

La viuda de Puelles habló claro del “negocio de ETA”

Alicia Huerta | Miércoles 24 de junio de 2009
Quiere tener razón el señor Urkullu cuando afirma que no le ha gustado el tono del discurso de Patxi López y que los reproches que se le están haciendo al PNV desde el último atentado de ETA podrían generar odio y división. Así lo ha declarado, lo ha dejado escrito en su blog, y se ha quedado tan ancho, como si, antes de ahora, en el País Vasco no hubiera habido muchos ciudadanos soportando el odio de los que nada quieren saber de democracia, la división por sentirse señalados y mal vistos si se atrevían a manifestar opiniones contrarias a los dictados de los violentos y, sobre todo, con miedo a resultar elegidos como la siguiente víctima, otra más, del más vil y cobarde asesinato.

Que los medios y la gente en general hayan dedicado estos días a destacar las diferencias entre el anterior gobierno del PNV y el nuevo de Patxi López en las horas inmediatamente posteriores a un atentado con víctima mortal, no debería molestar tanto a los que pensaban que el País Vasco nunca tendría un gobierno que no fuera el suyo. Cuando la evidencia de que las cosas han cambiado o de que, por lo menos, ese es el sentido con el que las mueve el nuevo lehendakari, es tan vigorosa, nadie puede parar los comentarios, aunque todavía, en una parte de España, no puedan hacerse libremente, en voz alta, por lo que pueda pasar. A pesar de las críticas que Urkullu hace a López, a quien acusa de organizar la manifestación con el principal objetivo de buscar su cuota de protagonismo personal y político, debería reconocer que las diferencias que todos hemos visto no pueden crear más odio en quienes sólo han podido sentir miedo, sino más libertad, aunque ésta sólo dure unas horas, las correspondientes al duelo compartido en público, arropados por los que piensan como tú, antes de volver a tu barrio, a tu edificio y a tu oficina, donde ya no las tienes todas contigo y es preferible no opinar.

Urkullu dice muchas más cosas en su blog, aunque empiece cada una de las declaraciones diciendo que este es un momento de fuerza mayor, en el que, por responsabilidad, se debe callar. Pero él no se calla, se nota que si lo hace, revienta. Y, por eso, advierte que llegará el momento para defenderse de la campaña orquestada en contra de su partido, de la manipulación y la falta de respeto a la verdad; también el de poner los puntos sobres las “íes” sin odios. Y para demostrar esa responsabilidad que ejerce callando, se muestra comprensivo y asegura que entiende que se haya tratado de que pase desapercibido este duro golpe operativo (el asesinato del inspector de policía Puelles) para evitar sacar a luz lo que parece un auténtico fracaso de los sistemas de autoprotección del Ministerio dirigido por Pérez Rubalcaba. Juzguen ustedes mismos.

Tampoco sentó bien en el PNV que Francisca Hernández, la viuda de Puelles, hablará bien alto y, quizás, demasiado claro para ciertos sectores, aunque Urkullu se haya apresurado a afirmar que guarda el máximo respeto hacia la familia. Pero qué peligro, deben pensar muchos, tiene una viuda, orgullosa de la labor de su marido a quien considera un héroe y no una víctima, con un micrófono en la mano, la cabeza bien alta, y dispuesta a que los asesinos de Eduardo nunca vean sus lágrimas. Paqui habló y dijo lo que ya todos sabemos: ETA es un negocio. Es la mafia de España.

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