Pedro J. Cáceres | Miércoles 24 de junio de 2009
Las empresas se afanan en buscar rivalidad entre toreros para dotar de mayor atractivo sus abonos y tener un mástil donde izar la enseña de la anti crisis, o al menos su divisa como voluntad de combatirla.
Generalmente estos duelos no son a tres bandas cuando lo normal de los carteles es terna. Son de dos toreros y pivotan sobre la hegemonía de uno y la alternativa de unos pocos con rango similar. Ambos han de tener connotaciones profesionales, personales o similitud de actitudes y aptitudes (coincidencia de momento –también-) para que la rivalidad cale en el juicio previo de público y aficionados, imprescindible para hacer ambiente. Suelen ser confrontaciones de arrimón las que más motivan antes que dos artistas, estilista, exquisitos, de duende o profundos. Los “chocazos” de estilos opuestos se recelan tras el de José Tomás y Morante en El Puerto.
Otra cosa es que cuando todo el peso del cartel gravita sobre la figura acompañada por un escolta y un motorista, generalmente éste, si es emergente, le pueda ganar la partida - esa batalla, pero no la guerra de provocar más enfrentamientos-: ha sido el caso del joven Luque, con José Tomás en Granada. Menos chance tiene quienes abarataban cartel y terminan echándoles la “pata” –efímeramente-, como Moreno en Córdoba o De Mora en Toledo. Las cosas del toro.
En el toreo a caballo el “duelo en la cumbre” lo protagonizan Hermoso de Mendoza como figura máxima de larga trayectoria y Diego Ventura, como estrella consolidada.
Entre los matadores de toros José Tomás es el epicentro y en torno a él rotan, uno a uno, toreros como Perera y Castella; a los que también se encollera, pero ya en tono de duelo menor. Por lo que sea, se antoja difícil que El Juli sea destinatario del reto o, si lo es, estime le conviene, o no; y mucho menos Ponce. Estas dos figuras contrastadas tienen, por derecho propio, las lógicas exigencias de poder decidir su cuantioso caché para tal evento y por supuesto que nadie les imponga los hierros a lidiar.
Todo esto de los “duelos inventados” queda muy bonito, pero la realidad de la competitividad en la cumbre se desmocha. Es una media verdad, y, ya se sabe, lo que remata el aserto.
A caballo y a pie. Los 20 años de alternativa de Hermoso de Mendoza y los 14 de José Tomás son suficientes para asumir el encabezamiento de carteles. En su defecto sería aconsejable profilaxis que la afición y crítica los tachara de caprichos innecesarios para su categoría denunciando que castran auténticos acontecimientos que en estos momentos le son necesarios a La Fiesta. Todo dando por bueno que se protagonizarían en cosos de superior importancia y ante el toro: no el medio toro escogido y domesticado de una serie regular y selectiva de abastecedores de cabecera.
La “manía” del “uno por delante” con tan prolijas carreras impide ofrecer, como auténticos acontecimientos, carteles totalmente redondos que inciten a su calificación de extraordinarios y, por lo tanto, marquen una pauta.
Hoy cualquier organizador no puede ofrecer a Hermoso y Ventura, con Andy Cartagena, Galán, Montes, o el jovencísimo Leonardo Hernández. De la misma manera que es imposible presenciar una corrida de toros con José Tomás, Castella y Perera, o El Juli en cualquier variable. Pero el raciocinio no es moneda de curso legal en esta tauromaquia moderna por que la opinión pública taurina no censura tal actitud, antes al contrario, y sin embargo se muestra indiferente o, incluso, hostil, cuando un matador, con algunos años menos de alternativa, como El Juli tiene la gallardía de hacerlo por dos tardes, nada más y nada menos, que en Madrid.
Se ha anunciado a bombo y platillo en Badajoz, luego vendrán León, Pontevedra, etc. Propaganda con trampa y mentira piadosa de una fiesta que adolece de orgullo torero y gestos de verdad, continuados; no soberbios de figura mal digerida ni muecas de seis toros en solitario y similares.
Estamos asistiendo a una parodia, revestida de gran torneo, con la Copa Confederaciones de futbol. Un ladrillo, y una ruina para los que al canto de sirena han acudido para retransmitirla sin regatear epítetos grandilocuentes promocionales que, a las prueba nos remitimos, no han tenido éxito alguno.
Pues en los toros, en el circuito de segunda, pasa igual. El único objetivo es hacer caja, todos, como fin. Y para ello justifican todos los medios.
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