Satélite espía L21
Miércoles 20 de febrero de 2008
Tras el aterrizaje del transbordador espacial "Atlantis", en el Centro Espacial Kennedy, en Florida, la Marina norteamericana tiene vía libre para derribar el satélite espía "L-21", en caída hacia la Tierra. El cometido de estos satélites espía es maniobrar en el espacio a órbitas bajas para cumplir con las necesidades de la vigilancia militar. Por esta razón, fuentes de los servicios de inteligencia europeos no descartan que el apresurado interés por destruir el mencionado satélite se deba al temor estadounidense de que éste caiga fuera de su alcance con la información secreta que almacenan sus sensores.
En este sentido, las citadas fuentes consultadas por EL IMPARCIAL estiman que la "caja negra", al igual que la del resto de satélites espías, está fabricada con elementos cerámicos resistentes a las altas temperaturas en el caso de que el satélite se precipitase sobre la Tierra. Esto es, precisamente, lo que trata de evitar EEUU. De ahí, que considere más práctico destruir el satélite aunque pierda la información que contiene.
Esta madrugada la NASA ha ordenado derribar el satélite espía L-21. Desde el Gobierno norteamericano se afirma que la razón para destruir el L21 se debe a que contiene materiales altamente tóxicos en su interior que dañarían el área en la que cayese. Fuentes militares cifran el coste de la operación entre los 40 y 60 millones de dólares.
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