Opinión

Violencia en Irak

Viernes 26 de junio de 2009
Coincidiendo con el paulatino repliegue de las fuerzas estadounidenses, Irak vive estos días un cúmulo de atentados terroristas con una virulencia que retrotrae a los peores tiempos de la insurgencia. En el último atentado del pasado miércoles, casi un centenar de personas perdía la vida tras la explosión de una bomba en Bagdad. Las estadísticas que hablan del número de víctimas son abrumadoras, tanto que el mero hecho de que se produzca un acto terrorista en suelo iraquí se ha convertido el algo tristemente habitual.

No obstante, alo parece haber cambiado en toda esta dinámica. Y es que, ahora que no está Bush, ya nadie mira hacia la Casa Blanca cuando sucede una masacre de este tipo. Lo cierto es que, en la última etapa de la anterior administración estadounidense, la situación que se vivía en Irak era diferente. Seguía habiendo violencia, si, pero en un grado mucho menor. Había logrado instaurarse un cierto germen de normalización. Y, si al principio de todo las tropas norteamericanas eran las protagonistas de todos los enfrentamientos posibles, actualmente su papel ha pasado a ser el de protectores de una sociedad que asiste estupefacta a luchas fratricidas entre chiíes y suníes, por un lado, e insurgentes y terroristas de Al Qaeda cuyo único fin es el caos, por otro. Mal haría la comunidad internacional -no sólo Estados Unidos- si dejase a Irak empantanado en medio de una espiral de violencia semejante. La responsabilidad de aportar soluciones a un problema tan grave es tarea de todos. Por más que alguno pretenda resolver la papeleta con el recurso de culpar a Bush.

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