Sábado 27 de junio de 2009
La comparecencia pública del máximo responsable del PNV, Iñigo Urkullu, junto a los que fueran consejeros de Interior durante la etapa de gobierno nacionalista, Juan María Atucha y Javier Balza, deja en evidencia el papel de comisario político que desempeñó la Erztaintza durante demasiado tiempo. En multitud de ocasiones, las cámaras de televisión recogían escenas de violencia callejera perpetrada por aprendices de terroristas que se sabían a salvo, ya que conocían la consigna de no intervenir dada a la policía autónoma vasca. Su ordenada inoperancia sorprendía a propios y extraños, y llamaba poderosamente la atención el que no hubiese apenas detenciones en el entorno de los integrantes de la “kale borroka”. En la misma línea, pueden denunciarse los numerosísimos símbolos –marchas, actos y manifestaciones, carteles y pintadas, calles y plazas- dedicados a publicitar y ensalzar al terrorismo etarra con total impunidad y ante la pasividad de las autoridades nacionalistas.
Fue la valiente denuncia de dos ertzainas no hace mucho la que sacó a la luz lo que era un secreto a voces: mandos de la Ertzaintza afines al PNV ponían todo tipo de obstáculos en la lucha contra ETA. Con ser revelador su testimonio, la realidad era conocida ya por la totalidad de la sociedad vasca. De ahí el monumental enfado peneuvista a la hora de que se aireen sus vergüenzas. Precisamente vergüenza es lo que les tendría que dar. En sus largos años de gobierno, humillaron y ningunearon a las víctimas del terrorismo, y utilizaron a la Ertzaintza como su cuerpo de seguridad privado. Eso se ha acabado, como dejó bien claro Pachi López en el funeral del policía Eduardo Puelles, asesinado por ETA. Es un hecho que, en el País Vasco, el Estado había perdido el monopolio de la violencia legítima. Hoy, la ofensiva de los Estados español y francés en todos los frentes y la política de Pachi López en Euskadi están restableciendo rápidamente ese monopolio.
La pataleta nacionalista no deja de ser la rabieta del niño malcriado al que sorprenden en mitad de una trastada. Es loable, por tanto, la actitud del actual gobierno vasco a la hora de no querer volver la vista atrás y fijarse en el futuro. Pero dejando a un lado actitudes políticas más o menos elegantes, quizá sería bueno que Pachi López y los suyos llamasen a las cosas por su nombre y que denunciasen esa tibieza nacionalista que tanto daño ha hecho a tantas y tantas personas inocentes. Su memoria lo merece.
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