Opinión

Kirchner es el mayor derrotado en la elección legislativa argentina

Manuel Mora y Araujo | Lunes 29 de junio de 2009
La Argentina votó ayer para renovar el Congreso Nacional y el voto mostró un país plural en sus preferencias. La sociedad se bifurca políticamente. También la jornada electoral mostró un país tranquilo, alejado del tremendismo de algunos dirigentes. Cada provincia se comporta como si fuera un país separado; pocas tendencias nacionales definidas, muchas expresiones políticas locales o, más bien, muchos canales a través de los cuales la ciudadanía se expresa en cada provincia.

Ese fenómeno sugiere una primera clave para entender la política argentina de estos tiempos: pocos dirigentes encarnan proyectos basados en propuestas abarcantes, en llamados a la búsqueda de consensos.

Esta sociedad fragmentada y con liderazgos débiles, al votar, ha expuesto también al desnudo el mapa político del momento. El gobierno de los Kirchner, una variante singular del peronismo multifacético, es el primero en quedar debilitado. Los votos refirman lo que las encuestas y los análisis vienen diciendo: las bases de apoyo del krichnerismo están demasiado confinadas a la Argentina de la pobreza. El gobierno quedó reducido a una mínima expresión en cuatro de las cinco provincias más grandes del país: la Capital Federal, Santa Fe, Córdoba y Mendoza. A duras penas logra pelear el primer lugar en la provincia de Buenos Aires, y eso merced a la capacidad de movilización electoral de los caciques locales de la pobreza urbana; en las áreas de esa provincia donde predomina la clase media urbana o la sociedad de agricultores, también pierde.

Esto marca el inexorable final del ciclo kirchnerista. El peronismo es un fenómeno más vasto y más plural que el expresado por el liderazgo de un jefe que depende del voto movilizado por jefes locales de áreas urbanas muy pobres, que pierde votos en todas partes y que ya no siquiera ofrece el resultado atractivo de una economía creciendo a altas tasas. Es cuestión de tiempo, de corto tiempo, para que ese ciclo se de por concluido.

Las tendencias electorales tienden a definir por un lado un espacio político expresado por una combinación de peronismo anti Kirchner y una oferta política de centro derecha, donde se destacan Mauricio Macri, el emergente Francisco de Narváez en la provincia de Buenos Aires y Carlos Reutemann. Por otro lado, un espacio que continúa la antigua tradición centrista del partido Radical, donde la figura dominante posiblemente será el vicepresidente Julio Cobos -el gran ganador en Mendoza- y donde coexistirán expresiones socialistas moderadas y la hoy perdedora Elisa Carrió. Y finalmente un espacio de izquierda definida, amorfa, que obtiene una muy buena elección en la Capital Federal con la candidatura del cineasta Pino Solanas y que casi no tiene expresión en el resto del país.

De todo eso, un verdadero rompecabezas difícil de armar, deberán surgir algunas ofertas políticas capaces de representar adecuadamente a la sociedad en la elección presidencial de 2011. Hasta ese momento deberán transcurrir dos largos años que seguramente serán difíciles. La situación económica mundial condiciona lo que pueda ocurrir con la economía, y por lo tanto el humor de la sociedad. El kirchnerismo jaqueado y a la defensiva podrá, o no, hacer difícil la transición a otro escenario político. El resto de las fuerzas políticas encontrarán, o no, algunas fórmulas para representar las demandas de esta sociedad fragmentada. Ahora siguen dos años difíciles pero con una incertidumbre menos: el kirchnerismo no tiene ya nada nuevo para ofrecer.

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