Luis Alejandre | Martes 30 de junio de 2009
Creo que a todos, debe alegrarnos. No es que no hubiese hace unos años una élite intelectual en el Ejército, es que ahora se manifiesta más abierta, más cercana, más comunicativa. Se firma con empleo, nombre, apellidos y situación o destino sin necesidad de anónimos ni pseudónimos; se escribe para reflexionar, comentar, analizar e incluso -¿por qué no? – para disentir.
Las razones de este momento son varias. Muchos militares pasan a la reserva o al retiro con un importante bagaje cultural y un no menos importante caudal de experiencias. El dominio de idiomas, los títulos universitarios alcanzados, los tiempos vividos en el extranjero, las tensiones superadas en conflictos, sus capacidades de decisión, son bazas suficientes para sentirse con ganas de decir algo.
Otro motivo viene impulsado por la situación política interna. El militar es hombre de servicio al Estado, con mayúscula. Verá bien todo lo que sea cohesión, todo lo que sea servicio al bien general; será contrario a la falta de consensos parlamentarios, a la excesiva influencia partidista en temas tan sensibles como la Ordenanzas o los discursos museográficos de nuestros Museos Militares. Acepta por supuesto decisiones políticas, pero se permite la diversidad y el análisis aunque sea crítico. Y no es que no haya buenos comentaristas profesionales en nuestros medios, pero el militar puede aportar un objetivo punto de vista en temas que conoce, como pueden ser Afganistán, Kosovo, Líbano o la inconsensuada y controvertida Ley de la Carrera Militar.
Se da, además, una feliz circunstancia. En esta línea de pensamiento no se ha producido una ruptura generacional. Conviven pensadores de hace dos o tres décadas, con jóvenes Comandantes recién salidos de las Escuelas de Estado Mayor, que se “atreven” a pensar y a escribir. Quizás aquellas generaciones optaron por el estudio de la Historia con incursiones en la Ética. Hoy está más abierta la línea de pensamiento.
En línea de méritos diría que la revista “Ejército” ha ejercido de hilo conductor en este proceso. Renunciando al halago personal del mando de turno o a la reseña estilo “hola” de otras publicaciones nuestras, ha canalizado el pensamiento de muchos de nuestros militares. Podría citar cientos de magníficos trabajos de estudio y documentación sobre temas técnicos, históricos, éticos o profesionales, de una revista que hoy dirige con acierto el general Jose Armada.
Hace un par de años, nació una Asociación de Militares Escritores (AEME) con el impulso del Coronel Dominguez Martinez Campos y que preside un maestro de varias generaciones, el general Miguel Alonso Baquer, un intelectual como la copa de un pino, que debería formar parte de dos Reales Academias. Quizás, su condición de militar haya sido un obstáculo. AEME agrupa hoy a 191 socios con edades que oscilan entre los ochenta y muchos, hasta los cuarenta años.
Con apariciones esporádicas se pueden encontrar firmas de militares en la “tercera” de ABC –magníficos los trabajos de los generales Muñoz Grandes, Narro, Feliu y Martinez Isidoro -en El País- difíciles de superar los análisis del general Ayala- en Heraldo de Aragón, la Voz de Galicia o en el Periódico de Cataluña.
El último impulso -muy importante en mi opinión- ha surgido con la revista “Atenea” una publicación mensual, muy bien confeccionada y que ha llegado al número 8 superando las dificultades propias, no solo de editar, sino de hacerlo en tiempos de crisis. Bajo la dirección del general Joaquin Tamarít, una de las cabezas mejor dotadas de las fuerzas armadas en los últimos años, integra los esfuerzos, junto a varios de los citados anteriormente, de los generales Jorge Ortega -que ha tenido que apechugar, no sin graves dificultades, con la última reforma de las Ordenanzas- de Fernando Davara uno de los mejores expertos en satélites, del ex Jefe de Estado Mayor José Antonio Garcia Gonzalez, de Juan Ortuño el general que mandó el Cuerpo de Ejército Europeo en Kosovo, del general Herrera un gran experto en armamento y material o del ponderado almirante Lorenzo.
Puede que Atenea pase aún desapercibida para el gran público. Pero les aseguro que la profundidad de sus análisis, la ponderación, y la reflexión que emanan de sus esquemas intelectuales, merece que se le preste atención.
Algo se mueve en las mentes de nuestros militares. Pensar siempre ha sido sano. Decirlo bien dicho, mucho más. Indiscutiblemente este es el buen camino para que una sociedad avance sin sobresaltos, para que la cultura de defensa, no surja a borbotones.
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