Opinión

La responsabilidad en el caso Madoff

Carlos Loring Rubio | Martes 30 de junio de 2009
¡Qué mueras en la cárcel! Este es el sentimiento de muchos de los perjudicados que se congregaban en la Sala del Tribunal, ayer, cuando se dictó sentencia por la que Bernard Madoff debía cumplir una pena de 150 años de prisión, por la estafa piramidal que había urdido durante dos décadas.

Madoff disfrutó en Wall Street, epicentro del mundo financiero, durante la mayor parte de su vida, de un puesto de poder en el mismo. Su condición de ex-presidente de Nasdaq y como uno de los inversores más activos de los últimos 50 años, hicieron que se granjeara la confianza de contactos privilegiados en las grandes fortunas. Año tras año, desde el establecimiento de su oscura empresa, el financiero otorgaba supuestos réditos, que excedían con mucho de cualquier otra inversión posible en el Mercado. Las inversiones realizadas por los incautos que confiaban su dinero a una institución dentro de los mercados bursátiles, tenía un efecto llamada sobre otros inversores. En realidad, el pago de los intereses de las inversiones se financiaba con el dinero que ingresaban los nuevos inversores, en lo que se constituía como una estafa piramidal clásica.

Pero, ¿es Madoff el único culpable de sus ansias de codicia, mediante el establecimiento de un chiringuito, que durante décadas tuvo el beneplácito de los de su alrededor? ¿Dónde estaban las instituciones que debían controlar el Mercado, en defensa de los intereses de los inversores? ¿En que se basaban las empresas de rating para calificar este chanchullo?

No incluyo a los auditores de Madoff, porque parece ser que se trataba de una empresa auditora que trabajaba ad hoc como cómplices del delito, cuya sede se encontraba en el mismo edificio en el que Madoff maquinaba.

Al supervisor del Mercado de Capitales Estadounidense (Security Exchange Commission) se le suponía la capacidad suficiente para reconocer y evitar que estas actividades se llevaran a cabo, en su deber de asegurar que las entidades que están bajo su tutela, estuvieran actuando de forma correcta. Sin embargo, como hemos sido testigos, toda la base del establishment financiero de Wall Street estaba podrida, ante la distraída mirada del supervisor. No han ayudado en nada las empresas de rating (que la verdad no sé por qué no han quebrado), calificando como inversiones seguras a chicharros, sin ningún tipo de criterio.

La confianza puesta en la responsabilidad de los reguladores del Mercado, ha sido completamente defraudada. Quizás más de un actor de este escenario debería compartir el cumplimiento de los 150 años de condena por negligencia gravísima.

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