Opinión

Batasuna, bien ilegalizada estás. Y ahora ¿qué?

Alejandra Ruiz-Hermosilla | Jueves 02 de julio de 2009
Desde que ETA asesinara brutalmente al inspector de la Brigada de Información de la Policía Nacional Eduardo Antonio Puelles García en Arrigorriaga el pasado 19 de junio se han sucedido los varapalos policiales, judiciales, políticos y hasta mediáticos a la banda terrorista y a su entorno mafioso.

Se ha detenido a cinco presuntos etarras (quince en todo el mes de junio y 49 en lo que llevamos de año), entre ellos algunos de los más buscados por la fuerzas de seguridad; el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ha respaldado por unanimidad la ilegalización de Batasuna dictada por el Tribunal Supremo y por el Constitucional hace seis años; toda la clase política, tan mediocre y cansina en su conjunto, se ha felicitado por el aval europeo y ha deducido de la sentencia que los violentos no volverán a sentarse en las instituciones europeas nunca más; y hasta quienes apoyaron desde los medios de comunicación la negociación con los terroristas han rectificado (Iñaki Gabilondo ha dicho que "los que decían que con ETA sólo había Policía y Justicia tenían razón. Para que quede claro: Aznar tenía razón y yo no").

Todos estos acontecimientos han subrayado la efectividad de la lucha contra el terrorismo desde todos los frentes y en el marco de la ley, y han evidenciado al mismo tiempo la ineficacia de la negociación con los asesinos más allá de las cuestiones éticas. En este escenario, el ansiado final en el que ganan los buenos y pierden los malos parece más próximo y hasta el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha destacado la “debilidad del aparato logístico de ETA”.

Pero lo cierto es que hemos escuchado a todos los ministros del Interior desde hace 30 años decir, al menos una vez durante su mandato, que ETA estaba más débil. Y la realidad es que más de 40 ayuntamientos del País Vasco y de Navarra están gobernados por ANV (Acción Nacionalista Vasca o las enésimas siglas herederas de Batasuna), y que nuestro Tribunal Constitucional acaba de permitir a la más reciente marca del brazo político etarra (Iniciativa Internacionalista) concurrir a las elecciones europeas, y que Arnaldo Otegui y sus secuaces mueven los hilos para volver a la mesa de negociación con el Gobierno que tantas alegrías les ha dado en un pasado demasiado cercano.

El guión de este drama sangriento con más de mil muertos sólo puede terminarse a la luz de los últimos acontecimientos que marcan el camino -ya emprendido por otros gobiernos y defenestrado cuando mejores resultados estaba dando – hacia el fin: el de la lucha incansable contra ETA con todas las armas que el Estado de Derecho pone a nuestra disposición. Los tribunales tendrán una ocasión de oro para demostrar que caminan por este sendero en las próximas elecciones municipales, cuando su actuación frente al brazo político de ETA disfrazado de cualquier cosa refuerce o no el trabajo de las fuerzas de seguridad, y el Gobierno tiene todavía mucha legislatura por delante para mantener su política rectificada de no negociar con los terroristas. Quizá el respaldo europeo a la lucha española contra ETA que tanto nos ha costado lograr sea el espaldarazo definitivo a la estrategia que ha demostrado ser más eficaz contra los asesinos: al enemigo, ni agua.

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