Jueves 02 de julio de 2009
El 5 de julio se celebrarán elecciones legislativas intermedias en México, en las cuales los ciudadanos votarán por diputados federales en un ambiente de escepticismo, enfado y desaprobación de los partidos políticos mayoritarios. Ejemplo de este clima es la creación de la agrupación “Yo anularé mi voto”, la cual parte de una iniciativa que se difundió principalmente a través de la red y que intenta enviar un mensaje de disconformidad a las instituciones gubernamentales y a los partidos políticos.
Durante la elección de candidatos y durante las campañas políticas, el malestar de gran parte de la sociedad se ha incrementado. Una buena muestra de esto es el papel del autoproclamado “presidente legítimo”, y anterior Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, quien ante la negativa de su partido, el PRD, de apoyar la candidata que él deseaba para la delegación Iztapalapa -una de las más pobladas delegaciones en que se divide el Distrito Federal- se une al Partido de los Trabajadores. López Obrador, con su discurso populista y su tendencia a la confrontación y al mesianismo, así como su tendencia a las teorías conspirativas, hace una llamada a los ciudadanos a favor de votar por el candidato del PT, Rafael Acosta, a quien a su vez exhorta a dimitir, después de haber ganado, para que Clara Brugada, la persona a quien el PRD no quiso elegir como candidata, asuma el cargo de jefe delegacional.
La actuación de López Obrador es quizá uno de los ejemplos más dramáticos de corrupción, falta de ética, deseo de ganar a todo costa y utilización de las elecciones para fines particulares. Sin embargo, existen otros casos que dan a qué pensar, como la continua presencia del gobernador priísta del Estado de México, Enrique Peña Nieto, en actos públicos que pueden favorecer e inclinar la balanza de las preferencias hacia el Partido de la Revolución Institucional.
La OEA, en su primera observación electoral, determinó que existen varias luces rojas, incluyendo el norteño estado de Sonora, por el uso excesivo de recursos de origen y aplicación no muy claras, temor a la influencia del narcotráfico y susceptibles a la violencia. Un resultado de esto será el incremento en el número de observadores electorales.
Una parte sustancial de la sociedad mexicana no confía en sus instituciones y percibe las elecciones como un juego entre partidos que no contribuye a la democracia real. Así, a través de la organización ciudadana se intenta no sólo mostrar la decepción, sino buscar en el pueblo la verdadera democracia. Los movimientos de abstencionismo y anulación del voto probablemente no cambien mucho los resultados de los comicios, pero sí son un indicador de una mayor capacidad de organización y tal vez de una mayor conciencia sobre dónde deben recaer las decisiones electorales en una democracia.
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