Sociedad

Garoña: el debate nuclear en España

editorial

Jueves 02 de julio de 2009
O, quizá un título más exacto sería la falta de debate. De todos es sabido que don José Luís Rodríguez Zapatero no tiene una buena opinión de la energía nuclear. Algo perfectamente legítimo. Pero lo que convierte la postura del señor Zapatero en reaccionaria y retrógrada no es su oposición a una determinada opción estratégica en el tema de la energía, sino su falta de transparencia, su oscurantismo, su negativa a abrir una discusión racional y científica: el tabú y el prejuicio irracional, en suma. Lejos de haberse documentado en la materia, o de tener una formación que le permita mantener un criterio científico adecuado, simplemente se amolda a vetustos clichés progresistas, trufa de sondeos, que ven como un peligro en ciernes la supervivencia de las centrales nucleares. Tal es el caso de la central de Garoña, de actualidad recientemente por la posibilidad de cierre que pende sobre ella. La manifestación de trabajadores de la central que tuvo lugar ayer tarde a las puertas del Congreso escenificaba una incómoda realidad a la que el Gobierno no quiere hacer frente: la imperiosa necesidad de abordar el debate energético.

Si por Zapatero fuese, la central ya estaría cerrada. Ocurre que el Presidente adolece de coraje político para realizar según qué cosas y ésta es una de ellas. Sabe que el sector más radical de su electorado aplaudiría tal medida, pero también conoce los informes técnicos que aconsejan y avalan su permanencia. Por de pronto, los pseudo intelectuales de la ceja y el canon ya se han apresurado a firmar un manifiesto en apoyo de su clausura, iniciativa ésta que suele se muy del gusto del inquilino de la Moncloa. Al mismo tiempo, algunos ecologistas -que no todos- le dan colorido a unas reivindicaciones carentes de argumentos científicos, y saturadas de demagogia antinuclear.

Precisamente en este sentido, Zapatero es consciente de que las razones científicas y económicas son muy sólidas. Garoña es vieja, pero cumple con los parámetros de calidad y seguridad exigidos. Además, su cierre dejaría en la calle a miles de familias, amen de condenar a la ruina a una zona muy extensa. Y por otro lado, está el hecho de que una parte significativa de la electricidad que consume España se adquiere en Francia, quien la produce en sus propias centrales nucleares. Una hipocresía semejante es sólo la punta de un iceberg, el del debate sobre política energética, del que José Luís Rodríguez Zapatero no quiere ni oír hablar. Y ya va siendo hora de que se deje de hacer demagogia con un asunto tan serio. Si Garoña es segura y rentable, que siga, y punto. Y si no lo es, que se busquen otras alternativas. Nuclear no es sinónimo de Chernobyl ni de Hiroshima. Más bien, al contrario: la nuclear es una de las alternativas energéticas menos contaminantes y, precisamente por eso, alguno de los ecologistas de mayor reputación la consideran el mejor antídoto posible contra el cambio climático.

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