Sábado 04 de julio de 2009
El mandatario venezolano, Hugo Chávez, y la cúpula directiva del Grupo Santander, iniciaron el proceso de compra-venta del Banco de Venezuela, que hasta la fecha era propiedad de la entidad financiera española. La incertidumbre, así como un mar de interrogantes, se apoderan de los venezolanos que temen que su capital caiga en manos del gobierno chavista que, en los diez años que lleva en el poder, ha demostrado una insuperable ineficacia y arbitrariedad a la hora de manejar el caudal de dinero que ha entrado al Estado gracias a los altos precios del crudo. Asimismo, tampoco comprende como uno de los principales bancos de España, situado entre los más competitivos del mundo, haya permitido que una de sus sedes sea nacionalizada.
Lo cierto es que el padre del “Socialismo del Siglo XXI” y anticapitalista a ultranza, como se auto titula el señor Chávez, no ha hecho otra cosa que tratar al país y a todo lo que allí existe como si fuera de su propiedad. El presidente venezolano, cada vez más reacio a continuar con el capital europeo y norteamericano que ha estado asentado Venezuela desde hace ya varias décadas, ha optado por comprar y etiquetar todo lo que se encuentre a su paso.
El hombre que reiteradamente defiende que “ser rico es malo” y que la “oligarquía venezolana” es la culpable de todos los males que aquejan a la nación, no se cansa de secarse el sudor de la frente con refulgentes billetes verdes “made in USA”, y apropiarse de todo aquello que suponga una piedra para “la revolución bolivariana”-como la inversión privada o la extranjera de carácter occidental- a punta de multimillonarios cheques a nombre del “portador”.
La ansiedad nacionalizadora que ha mostrado Chávez en los últimos meses, es causa y efecto de la necesidad que tienen el Jefe de Estado venezolano de lograr la consolidación y perpetuación definitiva de su régimen. La compra-venta del Banco de Venezuela es un ejemplo de ello, dejando en evidencia que el capital europeo cada vez se muestra menos interesado en conservar o defender sus líneas negocio en el país suramericano. De hecho, prefieren cerrarlas o mantenerlas al margen, por la desconfianza e inestabilidad que actualmente genera el mercado venezolano.
Aún cuando el Banco de Venezuela suponía un importante enclave para el Grupo Santander, ya que manejaba el 25 por ciento del dinero que allí se mueve, prefirieron vender a regañadientes, que enfrascarse en un conflicto con un mandatario que iba buscar la manera de hacerse con la entidad financiera a toda costa y sin reparar en los métodos.
Queda claro que Chávez, el emisario del nuevo socialismo latinoamericano, le gusta tanto o más el dinero que a los “capitalistas” que tanto ha criticado, al punto que no dudó en pagarle al Santander,- empresa creadora de miles de puestos de trabajo en el país- 630 millones de dólares, técnicamente por el capricho de tener algo más a su nombre con el que incrementar su control sobre el país. Mientras, los venezolanos no ven reflejada en su realidad cotidiana la aparente bonanza de la que tanto alardea un Gobierno que prometió dárselo todo.
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