se ha ganado el título de comedia del verano
Sábado 04 de julio de 2009
Se acaba de estrenar pero ya se ha ganado el título de comedia del verano. Llega a la cartelera avalada por el Premio de la Crítica del Festival de Málaga y el Premio “Alma” al Mejor Guión Novel y ofrece risas cercanas no exentas de moraleja para aguantar mejor los rigores estivales. Pagafantas es el debut en el largometraje del joven director donostiarra Borja Cabeaga, reconocido por sus cortos “La primera vez” y “Éramos pocos”, éste último nominado al Oscar en su edición del año 2007.
Pero, ¿qué demonios es un pagafantas? No es difícil de adivinar para los que todavía no se hayan topado con tan original vocablo. Es, obviamente, el que paga las Fantas a la chica de la que anda enamorado hasta el mismísimo tuétano, sin querer ver que lo que ella siente por él es nada más que una amistad. Una amistad especial, pero nada más que eso. Si encima a la chica de turno le va ese rollo de tener a un pringado detrás con el que puedes contar siempre y para cualquier cosa, seguramente al chaval le costará, aún más, perder definitivamente la esperanza.
El retrato que Cabeaga hace de los pagafantas y de las pagafanteras es, desde luego, tan cuidado que a uno le da por pensar si esa historia de humillaciones emocionales, grandes o pequeñas, no le estará pasando o le habrá pasado alguna vez en su vida. Ya saben, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. A través de los personajes y de los inteligentes diálogos, el director vasco consigue que, aparte de echar alguna risa, que no carcajada, uno experimente vergüenza ajena, pero también ternura.
Porque además, no sólo es el joven protagonista Chema, interpretado por el cómico vasco Gorka Otxoa, el que sufre en sus carnes la indeseada situación. Es el principal, pero no el único. Chema acaba de dejar a su novia formal de toda la vida porque siente que aún le quedan muchas cosas por vivir y justo cuando empieza a disfrutar de su nueva soltería aparece la bella Claudia, todo un terremoto de seducción, a quien da vida Sabrina Garciarena. Desde el primer momento está perdido y se enamora tan locamente que no tarda demasiado en arrastrarse por los suelos para que ella le pise, con dulzura y mucha frivolidad, pero con un gran pisotón al fin y al cabo. Y el reflejo de la patética relación que está llevando lo tiene muy cerca porque, aunque sirva de bien poco, es consciente de que la relación que su propia madre, Kity Manver, mantiene con un viejo amigo de toda la vida, magníficamente interpretado por el veterano Óscar Ladoire, es la misma que él tiene con Claudia.
Son precisamente estos personajes tan cercanos, interpretados por rostros televisivos muy conocidos y asociados al humor, los que hacen que el espectador se enganche enseguida a una historia, por desgracia, demasiado familiar, a pesar de que ya sé que ninguno lo reconoceríamos nunca. Por eso, es una verdadera pena que el final, justo cuando la comedia está volviéndose más sólida, no resulte bien rematado.
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