Opinión

Sin cambios en Teherán

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 04 de julio de 2009
Un joven corre mientras los persiguen hombres armados. Una chica cae abatida por disparos. La multitud se dispersa mientras milicianos basij disparan contra los manifestantes. Confusión, gritos, carreras atropelladas, consignas y claves aireadas a través de unos medios de comunicación controlados por el poder. Bienvenidos al Teherán de las últimas semanas.

Los enfrentamientos entre los partidarios del Presidente Ahmadineyad y los del opositor Musavi han mostrado las fracturas internas que sufre la Revolución Islámica. El sistema de elección de candidatos –que deben ser probados por el Consejo de Guardianes- no ha servido para impedir que los dos líderes que enzarzasen en una pugna por el resultado electoral que ha ganado quien controlaba las instituciones del Estado: Mahmud Ahmadineyad.

El dominio del aparato represivo y el uso contundente de la violencia ha servido para sofocar unos disturbios que no buscaban tanto un cambio de la agenda como un cambio de líderes. Se trataba de cambiar al Presidente, pero no las políticas que han condicionado la vida de Irán en los últimos años. El apoyo a Hamás en Gaza y a Hizbolá en El Líbano no estaba en cuestión. Tampoco lo estaba el desarrollo del programa atómico que comprende tecnología de doble uso apta para la fabricación de material bélico. Nadie quería desmantelar la República Islámica. En este sentido, es un error creer que Musavi era un opositor democrático frente a un Presidente totalitario. Hace mucho tiempo que los demócratas no pueden presentarse a las elecciones en Irán.

Así, los disturbios han mostrado la división entre los candidatos, es decir, la lucha entre las élites que gobiernan el país, pero es difícil saber qué piensan los iraníes. La espiral del silencio funciona en situaciones como esta: nadie dice lo que realmente piensa porque cree que todos los demás opinan lo contrario y teme más las consecuencias de hablar que las de fingir un acuerdo que en realidad no existe. En la estructura de poder, siguen mandando los mismos y la situación no tiene aspecto de cambiar por el momento.

El jefe del Mosad Meir Dagan ya anticipó hace pocos días en la Kneset -el Parlamento Israelí- que las manifestaciones no durarían mucho y que la situación en Irán no está por cambiar. Con su mandato prorrogado por el Presidente Netanyahu, Dagan ha advertido de la evolución del programa nuclear iraní: el régimen de los ayatollahs tendrá armamento atómico en 2014 si nadie lo impide.

De este modo, la evolución de la situación iraní deja Occidente con la misma responsabilidad de impedir el desarrollo de un arsenal nuclear que desataría una carrera armamentística en la zona y convertiría la región en un caos. La colaboración entre Irán, Corea del norte y Siria es cada vez más estrecha y supone un desafío para la Administración Obama y para la Unión Europea. Sin embargo, los dos vacilan a la hora de actuar con la determinación necesaria aunque algunos países europeos están reaccionando. Queda Israel, que no tiene más opción que estar en guardia. El Presidente Ahmadineyad ya ha advertido de su deseo de borrar a Israel del mapa. Para eso servirá el programa nuclear iraní. Por cierto, ese programa lo inició el moderado Musavi. Para que luego digan.

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