Antonio Meza Estrada | Miércoles 08 de julio de 2009
Este domingo fueron las elecciones intermedias en México y a la par, varios estados renovaron gubernaturas, ayuntamientos y congresos locales. Algunos periódicos locales al dar la noticia hablan de una “restauración priista”, para darle sentido al masivo endoso hacia ese partido que hicieron los electores. Y es que los resultados le dan al PRI un triunfo como no ocurría desde 1994.
De entrada el PRI dobla el número de sus representantes a la Cámara Baja; gana cinco de las seis gubernaturas en juego, rescatando dos emblemáticas de la zona del Bajío. Por otra parte, recupera ciudades capitales como Guadalajara –la segunda zona urbana del país-, Cuernavaca y desmantela el llamada cinturón azul alrededor de la capital de la Republica.
Si bien las encuestas previas le daban cierta ventaja al PRI, no era previsible un triunfo de estas características. Considero que como partido de oposición tenía más cartas que jugar que el partido gobernante que llegó al poder hace nueve años.
El país aun no se recupera del desgaste económico y moral que significó el ataque de influenza, que perversamente se cruzó con la crisis mundial de las economías que ha significado cientos de miles de empleos perdidos y disminución del poder adquisitivo de las familias. La pérdida de empleos es un pesado lastre para cualquier partido gobernante pero más aun, para el actual que llegó a la presidencia precisamente enarbolando a ese como su máximo compromiso.
Sin embargo, la mejor carta que jugó el PRI, a mi modo de ver, fue la institucionalidad. Los líderes del gobernante PAN jugaron a la oposición desde el gobierno, descalificando al viejo partido y sus gobernantes, acusándoles de alianzas ocultas con el narcotráfico –el otro flagelo del país- y realizando desde el poder acciones judiciales que ponían en tela de duda su legitimidad. Es decir, tanto se atacó a los líderes y gobernantes priistas, que la población dudó de la validez de esas descalificaciones.
Ahora viene el día después de las elecciones y las descalificaciones. Rápidamente el Presidente Felipe Calderón tomó la televisión nacional y envió un mensaje conciliatorio, llamando a todos a sumarse a un proyecto de unidad que permita enfrentar con éxito el combate a la crisis económica.
La pregunta es: ¿Responderá el PRI a la invitación? ¿Tendrá la agilidad para rápidamente sumarse a cogobernar con propuestas viables e institucionales? ¿Podrá el PAN y sus líderes superar la contienda y apoyar al Presidente o ¿continuará la estrategia de descalificar a los priistas de ser líderes o gobernantes?
Lo que no debe perderse de vista es que el PAN es el partido gobernante y Felipe Calderón el Presidente de México; en ellos recaerá la evaluación de lo que pueda hacerse en estos tres años por venir. Finalmente la institucionalidad para convocar a las oposiciones y particularmente al PRI y sumarlos a un proyecto nacional puede darles a ellos un endoso más… o bien, una nueva alternancia.
TEMAS RELACIONADOS: