falleció su madre
Jueves 09 de julio de 2009
Mansouriah Ghezlaoui, madre de Abdelaziz Buteflika, ha sido una figura simbólica de las controvertidas y complejas relaciones bilaterales entre el reino de Marruecos y la república de Argelia. Su muerte a los 90 años, ocurrida en su residencia de las alturas de Argel, puede convertirse paradójicamente en el detonante para superar el permanente estado de crisis que afecta a los dos países fronterizos desde la independencia de ambos en la década de los 60 del siglo pasado.
Mansouriah Ghezlaoui, madre de Abdelaziz Buteflika, ha sido una figura simbólica de las controvertidas y complejas relaciones bilaterales entre el reino de Marruecos y la república de Argelia. Su muerte a los 90 años, ocurrida en su residencia de las alturas de Argel, puede convertirse paradójicamente en el detonante para superar el permanente estado de crisis que afecta a los dos países fronterizos desde la independencia de ambos en la década de los 60 del siglo pasado.
Consciente del papel que juega la solidaridad árabe y musulmana en los momentos de duelo de los familiares cercanos, el rey de Marruecos Mohamed VI, ha dirigido un mensaje cargado de sentimientos al jefe del Estado vecino, Abdelaziz Buteflika. El soberano alauita pide a Alláh que acorde “consuelo y misericordia” al Presidente argelino ante “tan cruel desaparición”, extendiéndose en fórmulas religiosas apropiadas para la ocasión.
Sin embargo el mensaje de Mohamed VI va más allá de un simple gesto de pésame al rogar a Dios que acoja en su seno a la difunta, “junto a los profetas, los mártires, los santos y los virtuosos”, retribuyéndola de este modo “por los grandes esfuerzos y sacrificios que ha hecho… para educaros y hacer de Usted un héroe de la liberación de Argelia, y uno de sus más grandes dirigentes en la edificación de su Estado moderno”. En fin, el rey marroquí comparte el dolor con el Presidente argelino, ante la muerte de la que considera “madre del conjunto del pueblo argelino”.
Abdelaziz Buteflika se ha sentido extraordinariamente impactado por el mensaje de Mohamed VI, “lleno de elogios y expresión de amistad y respeto”, según fuentes recogidas por El Imparcial. El rey de Marruecos ha devuelto en cierto modo a su vecino el gesto que éste mostró ante el fallecimiento del rey Hassan II de Marruecos. En aquellos momentos difíciles del verano de 1999 para el entonces príncipe heredero Sidi Mohamed, Butefklika no dudó en romper el protocolo y personarse directamente en Argel para presentar su pésame al futuro monarca, y abrazar al féretro del difunto rey, al que le unía una relación tan antigua como particular.
Familia común
El padre del presidente argelino, Ahmed Buteflika, nacido en Tlemcen en los albores del siglo XX, emigró a Marruecos, como muchos otros argelinos en la época, huyendo de la colonización francesa. Se estableció en Uxda, y allí se casó con Mansouriah Ghezlaoui, de la que tuvo 5 hijos, Abdelaziz el primogénito, Abdelgani, Mustafá, Abderrahim y Said. También estuvo casado –la Constitución religiosa canónica lo permite– con Rabia Belkaid, que le dio otras tres hijas, Fátima, Yamina y Aicha. El patriarca del clan murió en 1958 sin conocer la independencia de su país de origen, pero gozando ya de la de Marruecos desde dos años antes.
Como en todas las familias tradicionales, las relaciones de la progenitura con la madre, en este caso dos mujeres cumplían esa función en el hogar, es particularmente intensa. Mansouriah Ghezlaoui y Rabia Belkaid, ambas probablemente con nacionalidad marroquí, sacaron adelante sus ocho hijos con esfuerzo y privaciones. El varón primogénito, Abdelaziz, se vio obligado a dejar la escuela Sidi Ziane a los 13 años para trabajar en la organización de los Scouts Musulmanes que había sido creada por el entonces príncipe heredero de Marruecos, Mulay Hassan, más tarde rey Hassan II. De aquella época viene su relación con el monarca alauita. Posteriormente terminó sus estudios secundarios en el Instituto Abdelmumen de la ciudad fronteriza, antes de unirse a las filas de la insurrección argelina y comenzar su verdadera carrera política que le llevaría cuatro decenios después a ocupar la Presidencia de la República argelina.
Sin embargo en todos estos años, la figura de la madre ha influenciado profundamente a Abdelaziz Buteflika. Sabedor de estas particularidades familiares, Mohamed VI ha querido estar presente en el ánimo del Presidente vecino en un momento difícil para él.
Curiosamente, el devenir inmediato de los dos países, marcado por crisis episódicas que les han llevado a varios enfrentamientos armados fronterizos, se encuentra en estos momentos en las manos de ambos jefes de Estado, separados por la distancia de una generación y una frontera minada. Buteflika, que debe cuidar su úlcera hemorrágica, tiene ante sí un tercer mandato presidencial que le permitirá preparar el terreno interno e institucional, alejando del poder castrense a los partidarios de la tensión, para superar definitivamente la época de hostilidad bilateral ; y Mohamed VI, que también debe cuidar su salud aquejado de una enfermedad renal que le obliga a un tratamiento periódico de diálisis en París, según afirman fuentes francesas, puede hacer lo propio, apartando del poder a los lobbys financiero-militares que quieren mantener el statu quo de ni guerra ni paz entre los dos países, del que sacan abundantes beneficios.
“El mensaje de pésame real enviado a Buteflika, es una mano fraternal tendida” confiesan fuentes diplomáticas. “Esperamos que Argel así lo entienda”.
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