Opinión

Los pobres ya tienen a quien los defienda

Rafael Ortega | Viernes 10 de julio de 2009
No podía ser de otra forma. “Los pobres ya tienen a quien los defienda”, es decir la Iglesia Católica con su Pontífice a la cabeza. Como anunciamos hace una semana ya se presentó la tercera Encíclica de Benedicto XVI “Caritas in veritate”(Caridad en la verdad). Una Encíclica es una carta solemne que el Papa dirige a los obispos y fieles católicos de todo el mundo, pero este documento no solo tiene esa dirección. El Papa ha querido redactar un texto para todo el mundo. Un mundo que vive una crisis económica y social terrible y que como ya dijo León XIII en la primera página de la “Rerum Novarum”: “ la cuestión social es el problema que con más vehemencia preocupa a los hombres”.

Para cualquier persona de buena voluntad, y quiero creer que son mayoría, y más para un cristiano, esto es muy sencillo. La sociedad existe para que el hombre consiga el desarrollo y perfección total, para lo cual la sociedad debe proporcionar a todos los que la conforman aquellas condiciones de vida que les hagan posible su más complejo y rápido perfeccionamiento, es decir, “el hombre es el objeto y fin de toda vida social con todas sus exigencias materiales y espirituales”.

Cuando León XIII publicó en 1891 la “Rerum Novarum, muchos, católicos y no católicos, se extrañaron de que un Papa hablase de la cuestión social. Como la misión de la Iglesia es sobrenatural, católicos y no católicos-no podían comprender que un Papa se preocupase por algo que según los críticos de entonces no tenía nada que ver con la misión sobrenatural de salvar a los hombres. Ahora pasa algo parecido y muchos siguen pesando lo mismo, porque Benedicto XVI ha dado en el clavo y ha tratado temas que han escocido a esos “muchos”.

El Papa asegura que, en un mundo globalizado, “el bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones”.
Son 115 páginas, en las Benedicto XVI recuerda constantemente a la Encíclica de Pablo VI “Populorum progressio”, de la que se cumplen 40 años. El actual Papa recuerda que “la Iglesia, estando al servicio de Dios, está al servicio del mundo en términos de amor y verdad”, recalcando que “tiene un papel público que no se agota en sus actividades de asistencia o educación, sino que manifiesta toda su propia capacidad de servicio a la promoción del hombre y la fraternidad universal cuando puede contar con un régimen de libertad”. Una libertad que “se ve impedida en muchos casos por prohibiciones y persecuciones””.

Para conseguir un mundo globalizado más justo, el Papa advierte que “la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende «de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados». No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia a favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación”.

El Papa, insistimos, defiende a los pobres, como no podía ser de otra forma y para ello dice que “El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don. Por ello, también en los momentos más difíciles y complejos, además de actuar con sensatez, hemos de volvernos ante todo a su amor. El desarrollo conlleva atención a la vida espiritual, tener en cuenta seriamente la experiencia de fe en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divina, de amor y perdón, de renuncia a uno mismo, de acogida del prójimo, de justicia y de paz.”

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