EL IMPARCIAL | Sábado 11 de julio de 2009
En vísperas de que el Gobierno presente el nuevo modelo de financiación autonómica en el próximo Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF), muchos son los interrogantes en torno al modelo en cuestión. En realidad, dichos interrogantes se resumen en uno sólo: saber si las cuentas cuadrarán o no. De momento, Moncloa ya ha avanzado la favorable disposición de Andalucía y Cataluña, sus dos principales feudos, a apoyar la propuesta del Ejecutivo. No extraña, por cuanto el vicepresidente tercero, Manuel Chaves, ya se ha encargado de muñir una cifra que sea del agrado de su comunidad autónoma. Por lo que respecta a Cataluña, los más de 3.100 millones de euros con los que ha salido agraciada en la particular lotería autonómica de Moncloa hacen que su receptividad esté fuera de toda duda.
Ocurre que, como es tónica general en la política de José Luís Rodríguez Zapatero, la realidad llama a su puerta de modo inapelable, por más que haya quien no quiera oír el timbre. Y es que si la tan cacareada igualdad fiscal tiene un techo de 9.000 millones de euros a repartir entre 17 comunidades autónomas y sólo Cataluña se lleva más de 3.000, algo falla. No hay una autonomía igual a otra: cada una tiene sus particularidades, riqueza y necesidades. Nada habría que objetar, por tanto, a que las más pobres recibiesen más, o que si alguna precisa de una dotación extraordinaria, se le asigne y punto. Así funciona la solidaridad fiscal. Pero dicha solidaridad fiscal, imprescindible en cualquier sistema equitativo que se precie, se ha diluido en detrimento de una amalgama de preferencias políticas sin criterio alguno cuyo horizonte es tremendamente incierto. Lo peor del desaguisado fiscal de Zapatero en materia autonómica es que, además, las cuentas públicas son las que son por la crisis.
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