Beatriz Reyes Nevares | Domingo 12 de julio de 2009
En las campañas políticas de los países civilizados, en las democracias modernas léase Estados Unidos de Norteamérica, los candidatos a la presidencia, vicepresidencia o al senado, en los debates televisados se insultan a gritos, se dan hasta con el cubo para el agua, se sacan unos a otros los trapitos al sol y, después de las elecciones porque son buenos políticos, simplemente porque lo son, el presidente puede nombrar Secretaria de Estado a la que fue su más acérrima adversaria.
En el Parlamento Inglés los tories se avientan hasta la peluca y en Madrid en la plenitud de las campañas o ya electos se lanzan toda clase de improperios, pero a fin de cuentas partidos totalmente opuestos sean de derecha o de izquierda en lo toral en lo que importa verdaderamente a sus países, funciona la democracia y de una u otra forma llegan a acuerdos.
En México en estos álgidos días pos-elecciones y de las pésimas campañas que ya hemos comentado anteriormente por un lado un triunfalismo, valga la redundancia por el triunfo aplastante, arrollador del tan odiado PRI que hizo perder, gracias sobre todo a las bases, a lo territorial y al trabajo –el trabajo en equipo- y les quitó tanto al PAN como al PRD gubernaturas, sobre todo a los azules, alcaldías de territorios de enormes presupuestos, tanto al partido en el gobierno como al amarillo.
Germán Martínez, el mas anti carismático, fajador como si fuera Cassius Clay en una táctica absolutamente equivocada, con candidatos muy malos y poniendo toda la carne en el asador solamente en dos entidades, y descuidó por soberbia algunas que creía seguras perdió además diputaciones federales y locales. La única que lograron, desgraciadamente fue por la tragedia de los 48 niños fallecidos en Sonora. Igualmente queda muy claro que las marrullerías de baja estofa, la desmesura de los amarillos tampoco les sirvió de mucho.
Ahora bien caigo en el lugar común, y en Perogrullo al decir que la derrota no tiene ni padre ni madre y el triunfo en este caso tiene muchos padres y una madre que desde su adolescencia se las sabe de todas todas.
La debacle Germán Martínez debo reconocerlo tuvo un gesto que lo honra y renuncio al día siguiente de la estrepitosa derrota. Jesús Ortega en cambio, a lo mejor porque dentro de su partido lo quieren derrocar cual monigote de feria todavía hoy viernes 10 de julio no da su brazo a torcer aunque ya se establecen alianzas y se menciona a sus posibles sucesores.
En Acción Nacional se auto promueven varios de las distintas corrientes de ultraderecha, alguno que sigue todavía a la doctrina de Manuel Gómez Murin el fundador y uno que otro ardido que por si las dudas sale a la palestra.
Aquí lo importante es que la lideresa del PRI y el del Senado de la República ya están fijándole la agenda a Felipe Calderón; que a fin de cuentas es el gran perdedor de esta batalla.
Lo que importa aquí es que el presidente reflexione y que no sea suficiente una renuncia sino que vengan otras que son de extrema urgencia, porque este país requiere más que nunca unidad y esfuerzo, cambiar estrategias dado que, retomemos el asunto el desempleo, la pobreza, el darle importancia a la macro economía y no a la cotidiana de las familias que no llegan ni a la cuarta parte de la cesta de la compra, que no tienen qué llevar a su mesa, ni pan para sus hijos, ni para transportarse, ni para las necesidades más elementales para una sobrevivencia digna. Hay que ser prudentes, en extremo, el mexicano aguanta mucho pero no hay que jugar con fuego dado que el pasto está muy seco y no hay que arrojarle cerillas.
No es suficiente la lealtad de los amigos también los adversarios pueden tenerla y entre todos sacar “al buey de la barranca” como se dice en México.
Se necesita hacer POLITICA, si en mayúsculas, se necesita experiencia, se necesita que haya matadores de toros y no novilleros sino que haya un cambio en el equipo con gente que sepa realmente dialogar, que este dispuesta a dejar la grilla barata a un lado, dejar las arengas y los discursos y que haya una gran concertación entre poderes porque a ningún partido ni a México le conviene un país que se deshaga entre las manos.
Y que los victoriosos y los perdedores tengan el señorío, la calidad moral y el patriotismo necesarios.
Ojala lo logren, porque ni a los gobernadores ni a los legisladores les conviene llegar a finales del 2011 sin las reformas estructurales que se han dedicado a bloquear estos casi tres años del gobierno de Calderón, los partidos de oposición.
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