Opinión

Terrorismo islámico en el Magreb: La “lunga manu” de Al Qaida

Javier Rupérez | Lunes 13 de julio de 2009
La libertad de Abu Qatada, un clérigo musulmán de origen jordano considerado como el principal representante de Al Qaida en Europa, actualmente en prisión en el Reino Unido, fue el objetivo principal de las reivindicaciones de un grupo terrorista que en el mes de enero de este año secuestró a un grupo de turistas europeos que viajaban entre Níger y Malí. De los cuatro secuestrados dos han sido liberados. Un tercero todavia permanece en cautividad. El cuarto, un británico, Edwin Dyer, fue asesinado el pasado 31 de mayo. Abu Qatada es uno de los individuos incluidos en las listas del comité 1267 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas constituido en 1999 para instrumentar la lucha mundial contra Al Qaida y los talibanes.

En lo que va de año más de cincuenta personas han perdido la vida en diversas acciones terroristas perpetradas en diversos puntos de un gigantesco territorio que incluye Argelia, Mauritania, Malí y Níger. Todas ellas tienen algo en común: la más que fundada sospecha de que han sido perpretadas por la organización que se autodenomina Al Qaida en el Magreb. Y las víctimas son de orígenes diversos: soldados del ejercito maliano; trabajadores de la construcción chinos; policias, paracaidistas y maestros argelinos; un americano empleado por una agencia de desarrollo.

No es nueva la presencia del islamismo radical en los vecinos territorios de Magreb y del Sahel. Argelia mantiene un sangriento combate contra el mismo, que se remonta ya a los comienzos de los años noventa. Malí, un país que trabajosamente se empeña en afirmar tradiciones de civilidad secular en un contexto mayoritariamente musulmán, es objetivo prioritario de la desestabilización islamista. En las vecindades, Níger y Mauritania no quedan ajenas al contagio. Y Marruecos, que milagrosamente no ha entrado estos últimos meses en la sangrienta estadística, vive en la permanente alerta de lo que pueden suponer las acciones de los radicales. Basta con recordar los atentados de Casablanca. Baste tambien con recordar que un número significativo de los responsables de los atentados de Madrid el 11 de marzo de 2004 procedían de ese país.

Durante mi gestión al frente del Servicio Ejecutivo Antiterrorista de las Naciones Unidas tuve la ocasión de viajar a Marruecos, Argelia y Malí, y de organizar una misión a Níger, y de comprobar en mi propia observación y en las informaciones de mis colaboradores la compleja preocupación con que cada uno de esos paises, desde perspectivas diferentes, dedica a la lucha en contra del terrorismo. Pero entonces, hace apenas dos años, cabía la duda sobre los orígenes de los terroristas y sobre la inspiración unitaria de sus acciones, a pesar de que todos ellos se reclamaban de sus convicciones islamistas y a pesar tambien de que la porosidad de las fronteras en la zona facilitaba esa coordinación. A pesar tambien de que ya por entonces el llamado Grupo Salafista para la Liberación y el Combate, activo sobre todo en Argelia, había ya decidido adoptar el clarificador nombre de Al Qaida en el Magreb. Cuando se pensaba que Al Qaida, perseguida y disminuida tras los atentados del 11 de septiembre, era poco mas que una franquicia a la que se acogían grupos sin ninguna coordinación entre si.

Hay razones para pensar que, ya desde hace algún tiempo, eso no es así y que Al Qaida en el Magreb, reflejando la estrategia marcada por los rectores del movimiento en Pakistán, está actuando de manera coordinada con un doble objetivo: desestabilizar a los paises de la zona –todos ellos de mayoría musulmana- y atacar los intereses occidentales en la región. Un tercer objetivo no puede ser descartado: utilizar la plataforma territorial, al fin y al cabo muy proxima a Europa, para actuar directamente en contra de los paises que la integran. Algo de eso ya sabemos los españoles.

El aumento significativo de las actividades terroristas en la zona podría deberse al retorno a la misma de activistas radicales a los que la mejora de la situación de orden público en Irak ha desplazado del terreno y aunque algunos servicios de información ponen sobre de todo de relieve el carácter de criminalidad común que acompaña muchas de las recientes acciones –chantajes, exigencias de rescates- la razón aconseja vigilancia y ayuda. Americanos y franceses lo saben suficientemente. La OTAN debería incluirlo entre sus objetivos prioritarios. Un Magreb aterrorizado por el islamismo sería un letal clavo en el ataúd de la fragilidad europea. Y España ocupa silla de pista en la primera línea del riesgo. Bueno es recordarlo.

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