Opinión

De sujetos fiscales catalanes y demás españoles

EL IMPARCIAL | Viernes 17 de julio de 2009
Uno de los problemas añadidos de la financiación autonómica es el de las suspicacias que genera a nivel territorial. Parece claro que semejante derroche en tiempos de recesión sólo servirá para retrasar aún más la salida de la crisis, dilapidando recursos sumamente necesarios a modo de dádivas políticas. En las dos comunidades autónomas más beneficiadas, Andalucía y Cataluña, sus políticos han tenido una reacción dispar. Así, mientras los andaluces callaban y otorgaban, al tiempo que justificaban la cuantía de lo recibido, los nacionalistas catalanes -en este caso, socialistas incluidos- clamaban contra la ola de “catalanofobia” instrumentada desde la más rancia derecha española.

Ni Obama es Estados Unidos, ni Zapatero España ni, por supuesto, Montilla o Carod-Rovira Cataluña. La clase política catalana en su práctica totalidad tiende a arrogarse una catalanidad que nadie le ha conferido, enarbolando el argumento de que criticarles a ellos es criticar a Cataluña. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que, a medio plazo, los ciudadanos catalanes, no menos que el resto de los españoles, saldrán perjudicados. No se critica a los ciudadanos catalanes en su conjunto, los cuales son, desde hace ya mucho tiempo, las víctimas propiciatorias de una política nacionalista que empobrece y empequeñece al país: una tendencia que no va hacer sino incrementarse, a medida que Cataluña pase de competir por rentas comerciales –que ha sido base de su fuerza y prosperidad- a disputar rentas fiscales, que será camino de su ruina. Cataluña como región y los catalanes en su conjunto merecen el mismo respeto que el resto de regiones y ciudadanos españoles. Se critica una iniciativa política porque este sistema generará más déficit, que exigirá una subida de impuestos, lo cual prolongará la recesión e incrementará el paro. También en Cataluña. Salvo los profesionales de la política nacionalista, que incrementarán su poder, el resto de la ciudadanía catalana serán perdedores. Por eso, lo que se critica es el nacionalismo y se ataca la cobardía de unos políticos que se parapetan tras un pueblo, el catalán, al que se azuza gratuitamente. Sus políticos son los responsables del deterioro en materia de convivencia que padece España actualmente. Y si no se pone remedio en breve, los rencores sembrados ahora no producirán nada bueno en el futuro.

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