La política exterior venezolana cada vez muestra claros rasgos de injerencia sobre los asuntos internos de muchos países del hemisferio americano, y es que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha convertido la principal fuente de ingreso y desarrollo de su país, el petróleo, en una poderosa herramienta diplomática que lo ha llevado a convertirse en el gran predicador del populismo latinoamericano.
Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Guatemala, Paraguay, Argentina y Honduras, son algunos de los países de América Latina en donde la presencia del controvertido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y por supuesto, la de sus petrodólares, se ha hecho notar con fuerza, debido a que la política exterior venezolana ha centrado sus esfuerzos a lo largo de estos diez años, en hacer
proselitismo del “Socialismo del siglo XXI”, en vez de atender las necesidades reales de inversión, cooperación y desarrollo que demanda el Estado venezolano, el cual cada vez muestra inquietantes signos de deterioro.
Mientras el país suramericano debe hacer frente a una inflación que llegó a situarse en una tasa anual del 27 por ciento en 2008, y a unos índices de criminalidad que presentan la preocupante estadística de 35 homicidios por día, Hugo Chávez se ha decantado por poner en marcha una agenda diplomática orientada exclusivamente en la adhesión de socios dispuestos a patentar su proyecto revolucionario, siendo la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA),-organismo fundado en 2006 por el mandatario venezolano y su mentor político, el ex presidente cubano Fidel Castro-, la principal plataforma para alcanzar tal objetivo.
Chávez ha sabido capitalizar muy bien la bonanza petrolera que ha experimentado su país en los últimos años, así como el gancho mediático que posee la efervescencia de sus discursos, para hacerse de un importante
séquito de aliados dentro de la región, siendo Bolivia, Ecuador y Nicaragua,- parientes ideológicos del socialismo chavista- los principales beneficiarios de las bondades de los petrodólares venezolanos.
Dicho contexto ha contribuido a concebir una estrategia diplomática cada vez más sólida y compacta entre Venezuela y los países afines al chavismo, que ha facilitado la consolidación de un frente común, que poco a poco ha ido
supeditando el orden de la geopolítica latinoamericana.
El Eje Bolivariano, cuidadosamente orquestado por el propio Chávez no sólo le ha permitido al mandatario suramericano convertirse en el principal acreedor de los países de la región, gracias al acaudalado fondo económico que le confiere millones de barriles de crudo pesado, que le atribuye la potestad de intervenir en el desarrollo político de sus países socios.
Uno de los casos más curiosos en donde Venezuela se vio envuelta en los asuntos internos de un país de la comunidad iberoamericana, fue el incidente que tuvo lugar en agosto de 2007 en el aeropuerto de Buenos Aires, Argentina, cuando detuvieron al empresario venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson con un maletín que portaba casi 800.000 dólares (568.000 euros), en un avión fletado para empleados de la estatal venezolana Petróleos de Venezuela (PDVSA), los cuales estaban acompañados por funcionarios del gobierno argentino. Las investigaciones apuntaban a que presuntamente el dinero que se halló en el maletín de la polémica, era dinero venezolano destinado a
financiar la campaña presidencial de Cristina Fernández de Kirchner.
Sin embargo, la injerencia de Chávez en América Latina va más allá del apoyo directo o indirecto, de dirigentes o grupos políticos afines o compatibles con sus ideas; de la dotación de busques cargados de crudo a “precio de amigo” o la donación de maquinaria ensamblada en Venezuela. La gran capacidad que tiene presidente venezolano de intervenir en asuntos de Estado que no le competen, ha sido la causa
de más de un desencuentro internacional.
La crisis diplomática que se desató entre Colombia y Ecuador en 2008 a causa de la muerte en territorio ecuatoriano del portavoz de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes, en manos del Ejército colombiano; así como el reciente golpe de Estado contra su colega hondureño, Manuel Zelaya, han sido dos de
los ejemplos más significativos y con mayor calado que denotan las ansias de liderazgo regional del presidente Hugo Chávez.
Por un lado, el mandatario venezolano no dudó en arrebatarle el protagonismo a su homólogo, Rafael Correa, quien se vio relegado a un tercer plano por el proteccionismo paternalista desmesurado de Chávez, que sin ser una de las dos partes vinculadas en el conflicto, no dudó en amenazar al presidente Álvaro Uribe con la movilización de 10 batallones a la frontera si éste atacaba Venezuela, convirtiendo un asunto de carácter bilateral en uno de dimensiones regionales.
Tales niveles de beligerancia por parte de Hugo Chávez, también se pudieron observar durante los días posteriores a la destitución de Zelaya de la presidencia de Honduras. Una vez más, el otrora teniente coronel que 1992 intentó
derrocar con tanques, aviones y fusiles, al Gobierno de Carlos Andrés Pérez, se abanderó como el defensor de la democracia latinoamericana, poniendo a disposición del presidente depuesto, un avión para su infructuoso regreso a Tegucigalpa, y a la milicia venezolana para defender la revolución hondureña si es posible con las armas. Otra “sucursal” de las franquicias del Socialismo del Siglo XXI que Hugo Chávez a logrado patentar en la región, a punta de aguda prédica populista, muchos favores y millones de petrodólares.
Más allá de lo pintoresco que pueda resultar la figura de Hugo Chávez en la opinión pública internacional, lo cierto es que a modo de picaresca tropical, el Jefe de Estado venezolano esta logrando
redireccionar la geopolítica interamericana a su conveniencia. Cada vez son más los Estados socios, cuyos mandatarios copian el modelo de gobierno chavista con el propósito de perpetuarse en el poder, para convertirse en la corte de un presidente que deja entrever, que suma más horas delante de una cámara de televisión o en el asiento de un avión, que de jornadas de trabajo en el despacho presidencial de Miraflores.