Opinión

Obama y Zapatero nos mandan a la Luna

Joaquín Vila | Domingo 19 de julio de 2009
Cuando los científicos ya nos habían convencido de que la Luna no es más que una hermosa bola blanca en el cielo, un enorme pedrusco de piedra pómez sin vida, sin calor y sin aire, ahora resulta que, además de poesía, guarda en sus entrañas una sustancia que podría resolver el problema energético mundial.

La sustancia en cuestión se llama Helio-3 y, si los científicos no exageran, cuando podamos extraerla y transportarla a la Tierra, el problema energético se habrá terminado. El coste de la operación (económico y tecnológico) todavía es muy elevado. Pero cuando esa nueva fuente energética llegue a nuestro planeta, los jeques apagarán sus pozos y se secarán sus carteras, Greenpeace se dedicará a criar ovejas ecológicas, Zapatero podrá cerrar todas las centrales nucleares que todavía funcionen y el aire volverá a ser limpio y puro.

El Helio 3 es un elemento químico estable, no radioactivo, que ha llegado a la superficie de la Luna soplado por el viento solar. Allí se encuentra en abundancia y podría convertirse en la solución al problema energético mundial.

Porque hasta ahora, la energía de la Luna sólo era capaz de mover los mares, de agitar los corazones, de acelerar el crecimiento de las plantas, de colarse entre los versos de Lorca, de Neil Young y de otros mil poetas, o de desquiciar a cualquiera. Pero ahora, los equipos de Obama quieren pasar a la Historia por superar uno de los problemas más peliagudos y sucios del último siglo: la obtención de la energía que hace funcionar la maquinaria terrestre. Y el presidente americano cree que esa energía navega por la sangre blanca de la Luna, camuflada hasta ahora bajo los pedruscos secos. El discípulo de Kennedy sigue la estela del maestro.

Cuarenta años después de que el hombre marcara con suela metálica el polvillo blanco de la Luna, de que escudriñara con microscopio entre los guijarros secos, de que husmeara entre los cráteres que agujerean toda la superficie, cuarenta años después de la hazaña espacial que ahora se conmemora, descubrimos que nuestro satélite tiene más vida de la que podían imaginar los poetas románticos.

Porque, la última misión que le quedaba a la Luna era ser el trampolín del hombre en su viaje a los confines del Universo. Obama intenta que en 2020 esté construida la base que catapultará a las naves espaciales en su viaje hacia el infinito, en busca del origen de la vida, del misterio de nuestra vida. Para descubrir, en el fin del mundo, el principio del mundo. Todo un salto mortal por el túnel infinito de la materia oscura. “Allá, allá lejos; donde habite el olvido”, según Cernuda.

Al tiempo, también esta semana, se inaugura en la isla canaria de La Palma el mayor telescopio del mundo, el que va a permitir a los astrónomos españoles acercarse a los orígenes del Universo. Con el espejo astronómico de 10, 4 metros de diámetro, el más grande y potente, los científicos ya han captado la radiación que se produjo en la gran explosión del "Big bang", cuando estalló la cáscara de nuez en la que, según Hawking, estaba concentrada toda la materia, toda la energía que creó el mundo. El director del centro astronómico, Francisco Sánchez, cree que "el telescopio será capaz de ver los orígenes de las primeras galaxias y estrellas."

Sería gracioso que el origen de la vida y la obtención de la energía, los dos dilemas más intrincados de la Humanidad, se resolvieran, con Obama, en la Casa Blanca, y Zapatero, en La Moncloa. Pues todos a la Luna. Que ya llevamos cuarenta años en la Luna.

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