Juan Federico Arriola | Domingo 19 de julio de 2009
"Más vale encender una lámpara antes de maldecir las tinieblas." Buda
México vive una de las peores crisis. En lo económico es el país americano más devastado de la "crisis que viene de fuera" como sostiene el gobierno de la república.
En lo social, el desempleo sube como la espuma ante la frivolidad de los funcionarios de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. En lo político, la ingobernabilidad es un tema que ha acaparado la atención internacional -el Banco Mundial lo hizo hace algunas semanas en tono de reclamo- y la violencia se desborda por varias estados de la república como una manifestación "desesperada" de la delincuencia organizada.
Ni la selección de fútbol mexicana puede darle oxígeno al presidente Calderón. Está en duda la clasificación de la selección al mundial de Sudáfrica en 2010. Calderón aún no cumple la mitad de su sexenio y lo vive y padece como si fuese el último: sus promesas electorales francamente se han evaporado: hay más desempleo abierto, hay más violencia, persiste la impunidad y la protección para políticos corruptos -muchos de ellos priistas que hoy presumen ser inmaculados como la Virgen María- y adicionalmente la recuperación económica se espera para 2010.
Estados Unidos dio más recursos al gobierno de El Salvador en la década de los años ochenta para gasto militar que a México hoy para enfrentar al narcotráfico.
Se piensa ilusamente que estando el Ejército mexicano en las calles los narcotraficantes se inhibirán de sus actividades ilícitas, cuando el consumo de drogas y la venta de armas en Estados Unidos sube como el desprestigio de toda la clase política mexicana.
Ahora el Partido Revolucionario Institucional amenaza con volver y dice estar renovado. Es difícil creer a un partido profundamente corrupto que dio a México cierta estabilidad económica, social y política en algún tiempo, pero que a partir de 1968 se volvió mito. Cuando llegaron los tecnócratas y pensaron que se podía gobernar un país tan complejo con modelos econométricos extranjeros y los economistas Salinas y Zedillo demostraron que tampoco fueron eficientes en sus temas. La crisis de 1994-1995 fue responsabilidad de ambos sujetos. El primero se envanece y se siente dueño del país y maneja al PRI como si fuese teatro de guiñol, el segundo vive en Estados Unidos feliz de haber ayudado a los estadounidenses en sus intereses económicos.
Definitivamente 2009 no es el año de México en ningún sentido. Pero esto es resultado de las pésimas gestiones de gobiernos populistas, tecnocráticos y de aficionados al poder como los panistas que han hecho cosas que avergonzarían a su fundador, Manuel Gómez Morín.
La izquierda salvo en la Ciudad de México que mantiene alguna presencia, se ha desdibujado en todo el país, a falta de ideas, crean dioses de barro, como Andrés López Obrador que en su imaginación dice ser "presidente legítimo" y no es más que una caricatura de Castro y Chávez. La izquierda mexicana está peor que la selección de Javier Aguirre.
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