Opinión

Volvemos a la quema

Rafael Ortega | Domingo 19 de julio de 2009
El párroco se asustó. Todos nos asustamos cuando supimos que el templo y los que asistían a la Eucaristía podían haber sido abrasados. Un joven sacerdote, David Benítez, está al frente de la parroquia de Santa Genoveva de Majadahonda, a unos cientos de metros de mi domicilio. Un joven pastor que ha salido de las magníficas hornadas del Seminario de Madrid y que sabe muy bien lo que hace y donde está y que también sabe colocar a sus feligreses en su sitio, pues Majadahonda, ciudad situada a pocos kilómetros de Madrid, es una localidad donde conviven, convivimos, la alta burguesía del “ande yo caliente”, con la emigración y todos sus problemas. Por eso las homilías de David son muy seguidas y tras este desgraciado accidente, que el mismo descubrió, busca explicaciones entre sus feligreses. Está convencido de que no se trata de una gamberrada y cree que “fue un atentado contra la Iglesia y no contra la parroquia”.

Eso es lo que pensamos también muchos, porque una “gamberrada” no puede ser colocar siete “elementos incendiarios” cerca de los conductos de aire acondicionado del techo del templo. Un edificio que más bien es un conjunto de módulos provisionales hasta que se construya la nueva iglesia..

En Majadahonda hay cinco parroquias con excelentes sacerdotes, uno de ellos Santiago Nogaledo, ha sido el impulsor de la creación de algunos de esos templos. Ahora, me consta, va a haber un cambio de algunos párrocos, que pasarán a iguales funciones en Madrid. Su experiencia y su buena labor los hace merecedores de esos cambios. Tal vez, por esta buena labor de la Iglesia, alguien está empeñado en volvernos a recordar el pasado, desgraciado pasado, de 1931, 1934 y 1936, cuando se quemaron templos y conventos y cuando hoy admirados políticos de entonces, no daban ningún valor a la vida de los sacerdotes, monjas o católicos de este país.

No quisiera pensar que “volvemos a la quema”, pero la desgracia ha rondado muy cerca en Majadahonda. David, el joven párroco de 33 años, piensa claramente que “algo estará haciendo bien la Iglesia cuando se la ataca. A los violentos y a muchos les molesta que nos ocupemos de los pobres y de los necesitados y que asistamos espiritualmente a la gente”. David, sin embargo, también piensa que no cree que los que colocaron los siete artefactos lo hayan hecho “por odio a la fe”. Bellas palabras de un hombre que tiene, como no podía ser de otra manera el “perdón” como norte de su actuación, pero los siete artefactos-siete como los pecados capitales- podían haber ocasionado una gran tragedia. Que piensen eso, no solo los autores materiales del hecho, sino los que encargaron el frustrado crimen, a no ser que quieran y lo que buscan es “volver a la quema”.

TEMAS RELACIONADOS: