Andrea Donofrio | Domingo 19 de julio de 2009
En los últimos días, la policía italiana ha detenido a 57 presuntos miembros de la Camorra napolitana, acusándoles de asociación para delinquir de tipo mafioso, así como de tráfico de estupefacientes y de extorsión. Sus actividades criminales no se limitaban a su territorio de pertinencia sino que se extendían a toda Europa. Los detenidos pertenecen al clan dirigido por Francesco Schiavone, mejor conocido como “Sandokan” y actualmente detenido en la cárcel de Opera (Milán), y estaban relacionados con Antonio Iovine y Michele Zagaria, este último jefe camorrista en paradero desconocido desde hace más de trece años –se supone que gran parte de este periodo lo haya transcurrido en la iglesia de su aldea, Casapesenna, encontrando en el confesional a sus “fieles”.
En la actualidad, las organizaciones criminales italianas –la Camorra napolitana, la siciliana Cosa Nostra y la calabresa N'drangheta- gestionan conjuntamente el tráfico europeo de estupefacientes a través de un alianza estratégico-comercial, en la que el suelo español recubre particular relevancia siendo, por un lado la puerta de América Latina y por otro, tierra de oportunidades: en los últimos años, los camorristas han hecho millonarias inversiones inmobiliarias en España para money laundering (reciclar el dinero sucio reinvirtiéndolo en actividades legales). En la Costa Brava, en Marbella, en Barcelona y por toda España, los camorristas se “disfrazan” de empresarios normales, abriendo restaurantes y pizzerías como tapaderas, construyendo hoteles de lujo, resort o urbanizaciones, aprovechándose de la burbuja inmobiliaria española de la última década. Como ya señalado en varias columnas, España, rebautizada Costa Nostra, representa un destino privilegiado para los camorristas por tantos factores: la ausencia de una legislación ad hoc sobre los crímenes mafiosos, la proximidad geográfica, el buen clima y la posibilidad de reciclar dinero “sucio” valiéndose de la favorable conjuntara económica que vivía España.
A través de viejas y nuevas alianzas, los clanes criminales italianos colaboran con los narcotraficantes latinoamericanos para satisfacer la creciente demanda de droga del Viejo Continente (se calcula un aumento medio anual de consumidores entorno al 20%). Las nuevas alianzas entre los clanes italianos les permiten comprar de forma conjunta la droga a los proveedores latinoamericanos, abaratando su precio y reduciendo los riesgos de incautación de la mercancía. Las últimas detenciones e investigaciones policiales han permitido conocer que gran parte del flujo del tráfico de drogas se mueve alrededor de la ciudad de Nápoles y se ramifica por toda Europa. La cocaína, definida por Roberto Saviano como “el verdadero milagro del capitalismo contemporáneo”, llega a Italia y desde aquí, criminales de la Camorra y de la ‘ndrangheta se encargan de repartirla. Las organizaciones criminales italianas parecen contribuir al ambicioso proyecto de formación de la Unión Europea, apostando de forma decidida por la creación de un mercado único.
La colaboración entre las policías europeas representa un factor positivo y los resultados de la intensificación de esta cooperación empiezan a manifestarse: en los últimos meses han sido detenidos varios jefes de la Camorra, lugartenientes y centinelas, en España y en Europa en general. Entre tantas operaciones internacionales realizadas, merece la pena recordar la “Operación Tiro Grosso” del 2007 que contó con la colaboración de las policías de la Comunidad Europea y de países de Centro y Sudamérica: después de 4 años de investigación, los agentes llevaron a cabo más de cien detenciones, al secuestro de bienes y patrimonios valorados en más de 14 millones de euros y a la incautación de 1.500 kilos de cocaína y más de 3.000 de hachís: esta operación confirmó que la Camorra movía dinero, hombres y mercancías dentro de España, Francia, Holanda, Croacia, Grecia y Turquía provenientes de Colombia, Venezuela y Santo Domingo.
La lucha a la criminalidad debe ser afrontada con una estrategia global, ya que las mafias italianas representan las “empresas para-estatales” más estables del país, que actúan a escala mundial, conquistando la economía a través de los agujeros abiertos por la crisis; de hecho, en tiempo de crisis, representan una de las pocas empresas que pueden presumir de contar con un constante crecimiento económico y que siguen sacando beneficios de la globalización. La cocaína y las otras drogas comercializadas por las organizaciones criminales no deben ser consideradas como parte exclusiva de una dinámica criminal, sino como un elemento determinante de la estrategia económica nacional: las actividades legales no sólo están condicionadas por los capitales generados por la coca, también determinadas masivamente por estos capitales. Ya es tiempo de enfrentarse a las organizaciones criminales con un estrategia común, de largo alcance y coordinada a nivel europeo. Ya es tiempo de terminar con esta plaga.
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